4 jun. 2010

Vilanculos... exhuberancia primitiva...

Vilanculos Rock and Roll...
Luego de una exitosa salida a la ruta en la caja de una de las dos millones de camionetas que circulan por la zona, decidimos seguir haciendo dedo, sólo para evitar abordar un mini bus hacia Vilanculos; hecho que mucho más allá de ahorrarte unos pesos, te evita el desgaste y la tremenda incomodidad de tener que lidiar con los transportes públicos mozambicanos. 

Lamentablemente, una intensa e infinita lluvia se apoderó del ambiente en breves minutos. Las insistentes gotas nos terminaron arrinconando primero debajo de un techo, y al rato de empaparnos, nos obligaron a meternos dentro del primer colectivo que pasó. Como no podía ser de otra manera, el cacharro a las dos o tres horas de viaje, y luego de recorrer muy pocos kilómetros se rompió, y el karma del viaje por Mozambique se volvió a repetir. Esperamos un largo rato hasta que no se qué arreglo hicieron con otro colectivo, y el asunto se resuelvió en una especie de "pasamanos", y realizar el tramo que faltaba.

Gracias a nuestra suerte, en el colectivo conocimos a Zac, un mozambicano de 34 años que efectivamente vive en Vilanculos, con el que mantuvimos una especie de entrecortada conversación hasta que llegamos. Lamentablemente esa llegada se produjo en horas nocturnas, y ante la gran sorpresa que nos produjo no ver una sola lamparita iluminando una sola de las calles de Vilanculos. Evidentemente no hizo ninguna mella en el estado de ánimos de Zac, quien nos comentó que era un acontecimiento por demás común, tanto así, que pasaba todos los días por varias horas, y que de aquí en más, hacia el norte de Mozambique, sería una constante...

Debido a la hora y a la falta de visibilidad, Zac nos terminó invitando a pasar la noche en su casa; invitación que fue muy bien recibida y que a pesar de lo que se venía, nos estaba salvando la noche. El primer panick attack casi nos agarra cuando nos comentó que era en el barrio de policías. Resultó también algo desilusionante saber que no nos íbamos a poder duchar, ya que no había agua corriente y era imposible ir a buscar algunos baldes entre tanta oscuridad. El África más imaginable se empezaba a hacer muy presente en esto de no tener los recursos básicos para desarrollar una vida "normal".

Imágenes para el recuerdo...
El pescado seco africano...
El comercio en el Vilanculos...
Producto de la guerra civil y de la corrupción del gobierno que se huele en cada esquina, el país cada vez se muestra más crudo y sumido en realidades sin nada, y con un calor aberrante que todo lo pudre y lo desgarra. Las condiciones en las que vive Zac son alarmantes, ya que ni baño, ni agua, ni fuego tenía en la casa. Vivir se transforma en una difícil y oscura misión, en la que uno tiene que pasar gran parte del día intentando cubrir necesidades básicas, hecho que queda absolutamente evidenciado cuando se analiza el desarrollo del país.

La mañana siguiente al levantarnos, una imagen muy desalentadora nos hizo salir disparados del barrio de la policía. Al hacer el intento de utilizar el "baño", nos encontramos con que el mismo era un hueco hecho y derecho en el piso, hecho que no hubiera sido motivo de alarma, si dentro del mismo lo que se veía no hubieran sido un millón de larvas blancas entremezcladas entre indescifrables desechos en estado de descomposición. Larvas que si se te da por cagar (perdón por la palabra) parecieran que se te van a meter directo en el centro de los intestinos. "Too much Zac". Nos pidió una propina que no teníamos, y nos retiramos muy rápidamente, aunque realmente agradecidos, y con el dolor de sentir que estábamos despreciando el lugar, lo cual era además absolutamente cierto.

Un poco de la vida en Vilanculos...

En fin... Caminando bajo un calor aplastante con las mochilas y bastante urgidos por encontrar un sitio para poder conectar nuestras computadoras, escribir y continuar con nuestro trabajo a la distancia, encontramos "Baobab Backpackers", en el que pudimos negociar la estadía por dos dólares la noche, y dónde había electricidad, baño, cocina y una de las playas visualmente más hermosas que hayamos visto. Allí empezamos a ordenar nuestra estadía al momento que íbamos viendo como algunos de nuestros amigos aparecían en manadas.

David, Charlotte y Filippa por un lado, y Netta y Anat por el otro, fueron los encuentros más preciados. Tuvimos el honor de conocer a Daniel, otro israelita que estaba recorriendo el continente en bicicleta; a Iván, un argentino criado en Suiza que quería embarcarse en un bote hacia Madagascar, y algunos otros turistas que adornaban el lugar emborrachándose y que lo utilizaban de paso para visitar el famoso Archipiélago de Bazaruto, principal evento turístico del lugar y hasta se podría decir... del país.

En el búnker de Baobab...
Argento Suizo, Daniel y Pablito filosofía nocturna...
Juli en plena sesión de trabajo...
Los días transcurrieron en parte recorriendo mercados, playa, y la mayor cantidad de posibles recovecos del pueblo, y en parte escribiendo en el camping de Baobab, acompañados por la rotación de caras conocidas y extensas elucubraciones nocturnas de porqué Mozambique es el país que es. Entre tanto, David seguía armando porritos con la dedicación y la perfección que lo caracteriza y todos alrededor fumaban con la misma pasión con la que David armaba. Las noches, el calor, la locura, los pensamientos y las compras en los mercados consumieron la mecha de la estadía en este singular, hermoso y contrastante pueblo de la parte central costera de Mozambique.

Evidenciado queda que los únicos que la pasan bien en estos lares son los turistas, quienes tienen el privilegio de tener la mayor parte de las necesidades básicas cubiertas. La población autóctona vive dentro de una realidad lejanamente distante a la conocida por nosotros y en uno de los estados más primitivos de desarrollo que nos tocó vivenciar. Lo más llamativo y curioso de todo es que nos dijeron que a medida que avanzáramos más hacia el norte, la cosa iba a seguir empeorando. Ahí entonces le metemos el ojo al mapa y vamos levantando la carpa para ver si es verdad que no todo lo que lo que no reluce no es oro. Un abrazo para todos y gracias por seguir del otro lado.

La pesca en la costa de Vilanculos...
La venta de ropa...
La barca a la deriva...
Damas, juego universal...
Abasteciéndonos...
Los chicos jugando a las damas...

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