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29 dic. 2011
Israel y Palestina. Un documental desde otra perspectiva. “Ismail Khateeb”, Jenín, Palestina...

Israel y Palestina. Un documental desde otra perspectiva. “Ismail Khateeb”, Jenín, Palestina...

JeninPalestina...
Y si era cuestión de seguir comiéndose flashes cercanos del quinto tipo, qué mejor que agarrar las mochilas bien tempranito de mañana, despedirnos de la más linda de las israelitas y correr mucho a ver si lográbamos alcanzar un bus que nos dejara en las puertas de Palestina; específicamente en Afula, ciudad desde donde se alcanza el puesto de control de Jalame y finalmente nuestra ciudad objetivo, Jenín.

Jenín se encuentra en el área del West Bank, área que junto a la franja de Gaza y parte de Jerusalén, conforman el reclamo de esta maravillosa y por demás hospitalaria nación Palestina. Sería muy ignorante y liviano de nuestra parte no comentar y no elevar un grito de conciencia que diga que Palestina, se la quiera reconocer o no, es definitivamente otro país, con otra gente, otro estilo de vida y otro tipo de virtudes y defectos, que no tienen un carajo que ver con los de Israel.

Caminando hacia el puesto de control de Jalame...
Para descubrir este fabuloso mundo musulmán, caminamos desde la ciudad de Afula (Israel) durante una media hora, hasta que pusimos en funcionamiento nuestro dedo mágico... Dos camionetas más tarde, habíamos sido depositados en el puesto de control de Jalame, una frontera interna que da una paja gigantesca, y que si uno conoce mínimamente la historia, un montón de tristeza. La pasamos lo más rápido que pudimos y abordamos una especie de taxi compartido hasta la entrada de Jenín.

Apenas pusimos un pie en tierra, nos volvimos a sorprender y regocijar con la excelencia con la que los árabes manejan el concepto de “anfitrión”. No tuvimos tiempo de casi nada, que ya teníamos a tres o cuatro musulmanitos rodeándonos y preguntando “de dónde éramos y qué nos traía por acá”. Antes de terminar la respuesta, ya nos habían puesto un “turkish coffee” en la mano, y aunque el entendimiento como siempre era dudoso, las risas por suerte brotaban sin esfuerzo.  

El hecho de haber recorrido un buen tiempo entre Egipto y Sudán, nos había dado cierta idea del idioma, y aunque en cada país árabe cambia un poco, las bases siempre siguen siendo las mismas. Contemplar la cara de alegría y de complicidad de un musulmán cuando ve a un extranjero esbozar alguna frase en árabe, es un acontecimiento de comunicación mucho más profundo que el mismo intercambio de fonemas.

La sede administrativa de Cinema Jenin...
Aterrizamos en esta norteña ciudad musulmana atraídos por la historia de Ismail Khateeb (o Khatib) y guiados por la solidaria mano de Fakhri Hamad, uno de los cofundadores de un proyecto llamado “Cinema Jenin”. Cinema Jenín es exactamente eso, un cine, pero un cine que fue destruido en la primera intifada (1987) y que se está reconstruyendo con el impulso y la fuerza que el documentarista Marcus Vetter le dio a través de su film llamado: “Heart of Jenín”. Fakhri fue la persona que contactamos previamente a la llegada y a la primera que telefoneamos apenas pusimos un pie en tierras palestinas.

Las coordenadas casi que estuvieron de más, porque como dije anteriormente, si por algo se desvelan los árabes es por mostrar toda la cordialidad posible. Son capaces de dejar todo lo que están haciendo para asegurarse que uno llegue adonde quiera llegar. Obviamente también, y para dejar la ingenuidad de lado, no nos olvidamos que Palestina es una nación muy golpeada, y por ello, específicamente en este caso, se puede oler también una cierta necesidad de corroborar las intenciones y motivos de visita. Una vez que todo esto queda confirmado, la hospitalidad nunca deja de ir en aumento.

Mucha banderita Palestina en las calles de Jenin...
Llegamos y nos encontramos con un personaje muy cordial y muy ameno, que se notaba muy interesado y entusiasmado con cualquier tipo de difusión que se le pueda dar al proyecto. Nos hizo pasar a su oficina dónde rápidamente nos introdujo en su atmósfera personal, nos convidó con algunos chais y empezó a relatar los detalles y los aspectos más relevantes del proyecto y de todo lo que estaba pasando dentro del edificio.

Mientras esperábamos la llegada de Ismail, tuvimos tiempo de recorrer un poco las salas, de conocer una cierta cantidad de voluntarios de diferentes partes del mundo, y de compartir los datos más relevantes de la historia de esta ciudad fuertemente golpeada por los conflictos que nos competen. Así, entre charla y charla, café, mate y té, fue que llegó el momento de conocer al personaje central de este capítulo, en quien recae la imagen de gran parte del proyecto del cine.

Ismail Khateeb hizo su aparición acompañado por una asistente que lo ayuda a organizar su vida diariamente y que además le hace de traductora, ya que él no domina fluidamente el inglés. Apareció con modos suaves y tranquilos, aunque expectante y algo distante hasta que despejó sus dudas sobre quiénes éramos y qué nos traía por acá. Introducciones, aclaraciones y explicaciones varias de por medio, el tipo se relajó completamente y accedió a pasar con nosotros uno de los días más inolvidables del viaje.

Lo primero que hicimos fue mudarnos hacia la terraza del edificio para realizar una entrevista personal donde nos relatara la experiencia que le significó el reconocimiento internacional, además de introducirnos a las características de la vida y a la historia de Jenin. Ismail aúna en su ser inteligencia, carácter, fuerza emocional y espiritual, y un dolor convertido en un mensaje mucho más efectivo que cualquier tipo de violencia.

Ejemplo de vida, Ismail Khateeb...
Toda la troop, incluida su asistente en la terraza...
Contando la historia...
Al resultar muerto su hijo de doce años en medio de un confuso episodio con un soldado israelí, Ismail decide donar sus órganos a varias familias israelitas, salvándole la vida de unos cuántos hijos de sus “enemigos”. Sinceramente no hay mucho que agregar, más que decir que para nosotros es un mensaje de elevado contenido espiritual, del que lo menos que se puede hacer es, intentar aprender, internalizar y reproducir.

Pasamos un rato largo indagando los pormenores y traduciéndonos mutuamente. Aquella terraza significó un momento de respeto, de admiración y de integridad pocas veces experimentado en mi vida. Una persona que hablaba a través de los ojos, lógicamente impregnados de dolor, pero al mismo tiempo fuertes, templados y amables. 

Me dio la impresión de ser una persona que a través de un acto de amor supo salvar su vida y además poner al descubierto la enfermedad de la represión, como del uso de la fuerza. Una historia entre escalofriante y esperanzadora, que me llevó a la conclusión que a las balas te las podés meter una por una en el culo y mientras experimentas el frío del metal penetrándote el ojete, pensar si sigue valiendo la pena tales actos de violencia, injusticia y abuso.

Panorámica de Jenin desde la terraza...
En el medio la traductora y asistente... Además, amiga y amiguita...
Cementerio de Jenin...
Luego de aquel momento cuasi sagrado en la terraza, Ismail se puso a toda la troop al hombro y nos llevó a conocer la intimidad de su hogar. Allí, además de agasajarnos con algunos bocaditos y tazas de café, nos mostró diarios y recortes que reconfirmaban todo su relato. Nos mostró fotos de su hijo y no tuvo reparo en agregar datos y elementos que consideraba de importancia para el documental. Su secretaria estaba en cada detalle de la charla y del entorno. Una musulmana simpática, jovial y llena de ganas de conocer el mundo. Se preocupó mucho por hacer que todas las situaciones se desenvolvieran como era de esperar.

Luego de algunas horas, y para finalizar formalmente el día de grabación, nos montamos nuevamente todos en su auto, e hicimos una épica recorrida por los recovecos de Jenin. Camino al mirador de la ciudad, nos relató minuciosamente historias de sus calles, y de algunos edificios destruidos por las balas que evidencian la ocupación israelita del 2002. Un espectáculo algo siniestro y bastante doloroso, pero que valió la pena mucho más que la pena. Una forma de tomar conciencia y también de luchar de la forma que podamos para que estas cosas no sucedan nunca más.

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En el mirador... Relato de Ismail Khateeb en árabe...

Por eso le pedimos a todos los que hayan llegado a esta parte del post que miren el proyecto de Cinema Jenín, que compartan esta realidad a sus amigos y personas cercanas. Que nos tomemos un minuto y un respiro de todas nuestras banalidades diarias y que lo donemos a la toma de conciencia propia y ajena, para ponernos en el lugar del otro y tratar de no permitir y de presionar para que estas atrocidades se acaben.

Compartamos historias de amor real, compartamos integridad y compartamos responsabilidad sobre las cosas que pasan en un mundo que es de todos. Dejemos de sentirnos ajenos a lo que no pasa a cinco centímetros nuestros y demos el primer paso para cambiar las cosas. Tenemos que ayudarnos a pensar.

De nuestro lado sólo restó, luego de tanto día inolvidable, decir gracias con el corazón en la mano, comer uno de los mejores platos de humus del universo y aceptar un pedacito de carne cruda que nos convidó un árabe cuando supo que éramos argentinos. “Para que cuando vuelvas digas que en Palestina la carne también es muy rica”.

Relatando pormenores y pormayores de la historia...
Agujeros de balas por toda la pared...

Estación de buses en Jenin...
De Jenin nos fuimos con dos mil invitaciones a distintas casas en distintas ciudades palestinas, con un material tremendo, con la panza llena, el corazón contento y muchísimas cosas nuevas para reflexionar. Con un poco más de pena que a la ida, pasamos nuevamente el bendito puesto de control. Nos dejamos chequear, respondimos nuevamente las dos mil quinientas forradas de rutina y comenzamos una seguidilla de dedos que nos depositarían nuevamente en Yodfat.

La primera vuelta de este nuevo documental había sido mucho más que exitosa, por lo que antes de salir al ruedo nuevamente, decidimos que era un buen momento para estrenar unos disfraces de super héroes que habíamos encontrado en alguna caminata por las calles de Tel Aviv. Volver a Yodfat se sentía como volver a casa, hecho que quedaría demostrado luego de pasar un fin de semana interespacial. Hasta la próxima, cuando este blog tire la cámara a la mierda para ponerse a bailar... Un abrazo...


Fede... el incansable trabajador...
26 dic. 2011
Israel y Palestina. Un documental desde otra perspectiva. “Parents of circle”, Tel Aviv...

Israel y Palestina. Un documental desde otra perspectiva. “Parents of circle”, Tel Aviv...

Parents of Circle, Tel Aviv...
Partimos hacia Tel Aviv en una nave piloteada por el gerente de una conocida marca de zapatillas, quién muy generosamente accedió a llevarnos luego de una brillante intervención de Hadas, mujer que no hizo más que facilitarnos la vida con sus constantes lecciones de solidaridad. Al volante, un relajado buena onda que se bancó que nos babeáramos dormidos muy impúdicamente durante casi todo el viaje.

Llegamos por tercera vez a la metrópoli recién comenzado el día laborable, cargamos un par de shekels en el telefonito, y discamos el número del presidente de Parents of Circle, quien nos atendió muy predispuesto, y rápidamente nos dejó saber que seríamos muy bienvenidos a visitar la sede principal de la fundación en un lugar llamado Ramat-Efal. Nos dió las coordenadas y nos lanzamos a la aventura tratando de encontrar la forma más rápida, barata y efectiva de llegar. Costó bastante de lo pensado, pero finalmente lo logramos.

Acreditando nuestra presencia en la caseta de seguridad de la entrada, apareció un hombre de unos cincuenta y cinco años, canoso, de buen porte, hablando un español perfecto. Balbuceó nuestros nombres y se presentó nuevamente: “Como les va chicos, yo soy Aaron”. Lo obvio se hizo realidad... “¿Vos sos argentino, no?”. Porteño, del barrio de Flores. Había vuelto a Argentina sólo una vez en su vida, con el solo propósito de asistir a un congreso... “Aproveché para ir a ver el barrio, pero no entendía mucho de lo que veía. Habían pasado muchos años y lo que más pude reconocer era el colegio al que había ido”.

Entrevistando a Aaron...
La charla comenzó envuelta en banalidades, pero poco a poco fuimos ahondando en la actividad de la fundación y en los aspectos más relevantes de la misma. Le comentamos la idea del documental y Aaorn se mostró muy complacido y dispuesto a colaborar con lo que pudiera. Nos llenó de folletería e informes que la fundación había publicado durante su existencia y finalmente se despachó con su historia personal, el momento fuerte de la mañana y la confirmación de que no nos habíamos equivocado con lo que vinimos a buscar.

No vamos a ahondar demasiado en una historia tan triste y desalentadora como la que Aaron se encargó de relatar con tanto sentimiento; y sólo nos vamos a limitar a decir que tenía un hijo de veinte años que murió a causa de la explosión de una mina en la frontera con el Líbano, cinco días antes de concluir el servicio militar, y que a partir de ese momento, su vida sufrió un abrupto giro que lo depositó en el lugar que hoy todavía sigue ocupando en esta fundación llamada “Parents of Circle”.

Para ser miembro de ésta organización es requerimiento fundamental haber perdido un pariente o cónyugue en el conflicto Israel-Palestina o causas que de él se deriven; y el objetivo principal de la fundación consiste en charlas, principalmente en colegios secundarios, que tienen por fin concientizar sobre las atrocidades de la guerra, intentando introducir el diálogo como actor principal y factor decisivo para la solución del conflicto. La charlas son llevadas a cabo conjuntamente por israelitas y palestinos que se encuentran en la misma situación de pérdida irreparable.

En una de las charlas comandadas por Aaron...
Debido a ciertos compromisos laborales que Aaron no podía postergar, este primer acercamiento a la organización duró alrededor de una hora y media. De todas maneras, antes de retirarnos, Aaron nos invitó formalmente para que al día siguiente vayamos a presenciar una de estas charlas. A su vez lo comprometimos para grabar una entrevista donde contara su historia personal y ahondara en la actividad de la fundación y sus aspectos más relevantes.

Por lo que al siguiente día lo prometido. Amanecimos en la casa de Nettita, nos metimos algún desayuno muy poco nutritivo y salimos disparados para no perdernos la primera cita con la cámara. Ningún infortunio nos detuvo, por lo que llegamos más que a tiempo. Una vez ya dentro del colegio nos presentaron a las partes de la charla y nos introdujeron a la Dra. Essawi, una especie de Aaron, pero del lado palestino.

Panorámica del aula en que se desarrolló la charla...
Momento difícil: Aaron y la Dra. Essawi en primer plano...
Las chicas y Fede como siempre figurando...
Durante la charla tuvimos la oportunidad de experimentar lo difícil que es el tratar y hablar sobre este conflicto, inclusive cuando las partes están de acuerdo en un objetivo común. Los treinta alumnos que hacían de público objetivo tuvieron la oportunidad de mirar al conflicto cara a cara, representado por interlocutores de ambas nacionalidades, quienes tuvieron que hacer un esfuerzo infinito para no caer una y otra vez en el debate y la discusión, y sólo limitarse a contar de una manera “neutral” sus experiencias personales. Complicadísimo es poco, pero una lección que cumple con el objetivo y condensa los aspectos más tristes del conflicto, haciendo un esfuerzo desde el corazón para introducir el diálogo a pesar de la impotencia y el dolor de la pérdida .

Una mañana que se transformó en una experiencia inolvidable, con mucho contenido y bastante fuerte a la vez. Una vez finalizada la charla, nos enfocamos en la entrevista personal a Aaron, y para ello, nos corrimos hasta la tranquilidad de un hermoso parque que rodea al colegio. Durante un largo rato Aaron se dedicó a inmortalizar sus más profundos sentimientos y a contar la historia de su hijo. De esos momentos delicados, sensibles y ciertamente difíciles de surfear. Resta volver a decir "gracias Aaron por tu apertura, recepción y colaboración incondicionala nuestro proyecto".

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Un poquito de la charla...

Antes de regresar hacia el centro de Tel Aviv tuvimos la oportunidad de charlar también con la doctora Essawi, una mujer de origen palestino con residencia en Jerusalén, que también forma parte de Parents of Circle. Nos contó un poco de su propia historia personal, también marcada por la pérdida de seres queridos, y pactamos una futura entrevista en Jerusalén, luego de terminar con los compromisos previamente asumidos en Palestina y las fiestas de Purim (que por ningún motivo nos pensábamos perder).

Así fue amigos que nos fuimos con un candombe informativo en la cabeza y una jornada marcada por un satisfactorio cansancio. Pasamos de nuevo por la sede de Parents of Circle, hicimos unas tomitas de rutina, y con panza vacío, pero el corazón contento, empezamos a apurar los pasos. Es que uno de nuestros amigos de América en Bedford, Yuval, había vuelto de Estados Unidos y nos había invitando a comer unas carnes a su casa... Y todos sabemos que a tremenda invitación no se le puede decir que no.

Para terminar, algo que nos llamó poderosamente la atención. Cuando estábamos volviendo hacia la casa de Netta para recoger algunos de nuestros bártulos y pegarnos una juagadita, nos topamos con uno de los eventos más extraños que vimos en Israel: “Street Rave trance party de Rabinos”. Fúmensela.

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Street Rave de Rabinos...

Hasta mañana, cuando salgamos con la panza llena de carne y el corazón contento del reencuentro con Yuval, a la conquista de Palestina y una de las historias de amor más conmovedoras que se puedan encontrar. Gracias por acompañar, por leer y por difundir... Un abrazo para todos.

En un plácido descanso por alguna calle de Tel Aviv...
22 dic. 2011
Israel y Palestina. Un documental desde otra perspectiva...

Israel y Palestina. Un documental desde otra perspectiva...

Fede inaugurando cámara nueva en Yodfat...
Pocas veces en mi vida vi una persona tan emocionada y tan pasada de rosca como Federico en las primeras horas de su arribo a tierras judeo musulmanas. “Es que me estaban llevando al aeropuerto y no podía cerrar la computadora porque tenía que responder un mail, y mi vieja me decía “Fede, vas a perder el vuelo”... y si no mandaba el mail no me podía ir... ¡Qué increíble! ¡Qué alegría! ¡No lo puedo creer!... “Y si nos vamos a China en moto”... “Y si nos vamos a la luna a pata”... Hace unas  horas estaba en Buenos Aires y ahora acá... es que no lo puedo creer”... Esto es sólo un mísero resumen, pero podría escribir un posteo entero con la cantidad de Federiqueces que escuchamos aquella mañana. Daba entre ternura y ganas de meterle una tableta de rivotril...

Con este estado de alegría incontenible y una nueva banda continental compuesta por tres personas, nos fuimos a tomar el tren hacia Akko, lugar donde nuevamente nos recogería Daniel y desde donde volveríamos al principado de Yodfat. El dedo quedó anulado por el largo viaje de Fede y porque con una excitación tan fuerte, para lo único que alcanzaba la energía, era para hablar todo lo posible. Entre charla y charla fuimos encarando uno de los temas centrales que nos habíamos propuestos para esta estadía conjunta en Israel, que no era ni más ni menos que la realización de un documental que de alguna manera hablara del ya famoso y mucho más que archi conocido conflicto entre judíos y palestinos.

La panorámica de la tierra prometida...
De todas formas el mayor problema no radicaba en la escasez de recursos, que según la filosofía de este viaje, siempre se puede solventar con dedicación, esfuerzos y artilugios varios, sino en no recaer en las mismas ópticas, ni en los mismos contenidos que hay dando vuelta por todo el mundo, y así, tratar de mostrar un punto de vista algo diferente.

Con esta incógnita en la cabeza y una emoción desbordante en el corazón, nos subimos a la camioneta de nuestros anfitriones, que a modo de bienvenida nos habían preparado un paseo por el centro de la ciudad de Akko, un lugar cargado de historia, murallas, fuertes, y que si se lo visita un día de tormenta, el Mediterráneo seguramente le regale un soberbio espectáculo de belleza natural.

Allí nos quedamos un largo rato disfrutando de las habilidades botánicas de Mijaíl, esperando a que Fede logre bajar un poco... y cuando la lluvia se tornó demasiado molesta y escuchamos que Fede dijo: “ah... esto está bueno”, emprendimos sin más preámbulos el corto viaje que nos separaba de Yodfat.

Akko en aquel memorable día...
Puerto y construcciones musulmanas...
Mural en Akko...
En la ruta comenzamos a compartir nuestras inquietudes con Daniel, para ver si escuchando diferentes ópticas lográbamos aclarar el panorama del contenido del documental. Y como hablando se entiende la gente, y a veces por suerte muy rápido, en las primeras dos conclusiones nos alumbró el camino. Como es bastante lógico de suponer (sin la intención de ahondar en un conflicto infinito que este blog no se propone tratar por el momento), hay muchísimas personas que no quieren saber más nada con armas, guerras o inseguridad en Israel. En esta obviedad se centró entonces el punto de vista de Daniel.

Mucho más allá de las políticas, los extremismos, el resentimiento y muchas cuestiones de forma y fondo que habría que exponer seriamente para hacer realmente sustentable este párrafo, la conclusión fue que hay muchos palestinos e israelitas que están intentando llevar adelante proyectos conjuntos, no sólo por conveniencias económicas, sino también para demostrar al mundo que hay miles y miles de personas que no quieren más muertos y que van en búsqueda de la paz y de la integración.

“Clarísimo” dijo Fede mientras sacaba la cámara y le hacía repetir nuevamente aquel puntapié inicial a un Daniel totalmente inspirado. Al mismo tiempo me miró con esos ojos cansados de millones de horas sin dormir y me dijo: “Empieza el documental. Y sí, nos terminó pareciendo mucho más lógico intentar recopilar historias de israelitas y palestinos que estén trabajando en conjunto para ayudar a la resolución del conflicto, que volver a mostrar argumentos y quilombos entre las partes, que sin utopías de por medio, y desde un punto de vista técnico, son absolutamente irresolubles.

Un poco más de un lugar tremendo...
Sin fuerzas, pero contentos...
Desde Yodfat hacia el más allá...
Así fue que Daniel habló a cámara, Mijaíl armó otro, y en menos de cinco minutos estábamos nuevamente instalados en "nuestra" casa en Yodfat con el asunto del documental bastante más claro y con el alma un poco más en reposo. Lo introducimos a Fede a la vida del inigualable pueblo y nos dedicamos a descansar, repartir algunos regalitos argentos entre nuestros anfitriones, y pasar una noche tranquila de charla, mate y puesta a punto.

Sólo nos restaba encontrar aquellas historias y comenzar a disfrutar de las experiencias de movernos por Israel con cámara en mano, para ver si iban a ser tan positivas como aquella primera experiencia en Sudáfrica. De todos modos lo más importante ya había sucedido, estábamos juntos nuevamente y nos quedaban al menos tres meses de locura galopante por delante. Felicidad de piel erizada.

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Cavernas en Old Yodfat...

Hay veces que las cosas sólo suceden, y al menos nosotros creemos que la mayoría de ellas lo hacen porque uno trabaja para ello. No creemos en líneas generales en ningún tipo de providencia, ni en ningún tipo de iluminación. Para esta troop las cosas solo dependen de la acción y del esfuerzo que se ponga en lo que uno quiere. Así es como creemos además que llega la suerte. Un concepto que para Viaje por África sólo depende de una incansable búsqueda de lo imaginado y deseado, y de la convicción con que uno emprende el recorrido hacia cualquier tipo de objetivo. Imposible no es nada, y para ser feliz, sólo hay que estar dispuesto a pagar el precio para que ello ocurra.

Nos levantamos al día siguiente y aceptamos gustosos la invitación a una exuberante comida que nos estaba esperando en la casa de los padres de Hadas (la novia de Daniel), lugar en el que además de exquisitos manjares, se encontraba la humanidad de Gabriel, un argentino que hacía largo tiempo vivía en IsraelGabriel estaba allí esperándonos para intercambiar palabras en castellano profundo, pero también para darnos el primer dato sobre un proyecto musical que aunaba israelitas y palestinos, que estaba comandado por alguien llamado Aaron, de quien muy gustoso nos pasó su número telefónico para que lo contactemos. Sonaba interesante y prometedor. Agendamos, comimos y pasamos una tarde espectacular con la familia.

Durante esta primera tarde, también logramos comprometer al padre de Hadas para hacerle una entrevista. Resultaba ser una persona muy interesante para escuchar, ya que su rol de algo así como jefe de la comuna de Yodfat, lo hacía portador de un fuerte conocimiento de aspectos burocráticos del país, de política y de muchos elementos interesantes de la interacción con palestinos. Por otro lado, su poca fe en la resolución del conflicto y una fuerte posición contradictoria entre el uso de la fuerza y la búsqueda de la paz, servía de reflejo de lo que a nuestro criterio es la posición media de la parte judía. El sentimiento de amenaza constante, el miedo al exterminio y el convencimiento de que si no utilizan la fuerza, se los comen crudos. En resumen, mucho para escuchar, mucho para analizar y mucho para entender.

Refugiados sudacas...
Luego de esto nos lanzamos a la caza del padre de Mijaíl, un hombre más bien de negocios, que hacía tiempo estaba luchando en varios frentes para instalar una fábrica de calzados en colaboración con palestinos. Nos recibió en su casa y tuvimos una charla muy amena y relajada. Un tipo con modos impecables, con una humanidad tremenda, y con el que nos sentimos muy a gusto durante la hora que compartimos en su mesa. Él mismo se desentendió de hacer una entrevista porque sentenció que no era útil para nuestros propósitos. Nos comentó que su proyecto estaba por el momento muy estancado, y con las cosas tan en el aire, no había nada interesante para decir. A cambio, sacó de su mágica galera y de su relajado corazón, dos datos que serían de muchísima importancia para lo que venía.

El primero fue el contacto del presidente de una organización que une a familias israelitas y palestinas que perdieron algún pariente durante la guerra. Una organización que se dedica a concientizar sobre el dolor que estas cosas producen y a dar charlas conjuntas por diferentes colegios sobre la temática, abriendo debates que logren concientizar de alguna manera éstas pérdidas entre los jóvenes.

El segundo fue el relato sobre un sobresaliente y heroico acto de un palestino que reside en Jenín (Palestina), quien perdió a su hijo de doce años en manos de un confuso episodio con un soldado israelí, y que en lugar de salir a pedir muerte y venganza por todo concepto, hizo retirar los órganos del niño y los donó a seis familias israelitas, hecho que contribuyó a salvar la vida de sus hijos. Nada para agregar. “Agarrá la cámara y vamos ya a conocer a ese tipo”.

Así fue amigos y amigas que en un día de indagamientos varios, con la ayuda de un pueblo al que le queda corto el calificativo de sublime, logramos armar un boceto de lo que se venía, con lo cual sólo nos restó pedirle a Daniel que nos lleve a comprar crédito para el teléfono, llamar a todas y cada una de las personas, y armar un pequeño cronograma que reflejaba que teníamos que movernos a velocidad de la luz por todo el país, si es que queríamos llegar a la siguiente semana a festejar “Purim” en uno de los pueblos más perfectos que hemos pisado.

Música en vivo en el bar de Yodfat...
Descansando en la casa...
Fantasmafoto en la casa de Daniel...
Cuando todo esto estuvo “arreglado”, decidimos asistir a una fiesta en el bar del pueblo para hacer un despliegue descontracturado de baile junto a nuestra familia provisoria. Ya nos sentíamos parte del cambalache, y eso nos anticipaba, que si luego de terminar con algunos reportajes, llegábamos para los festejos mayores, la vida se iba a tornar, aunque resulte difícil de concebir, un poquito más linda. "Chicos... les dejamos las mochilas... en un par de días volvemos... yo quiero el disfraz del rey León... no se hagan los boludos"... "Ah y no se coman todos los alfajores"...

Y para ustedes que están del otro lado: gracias por seguir leyendo. Lo que se viene son aventuras de alto impacto al corazón, al espíritu y a la razón... (Fede... ¿pusiste a cargar la bata?)... Hasta la próxima...
19 dic. 2011
Viaje por África revisited by Federico Antonio Marcello...

Viaje por África revisited by Federico Antonio Marcello...

“Nosotros tenemos la alegría de nuestras alegrías y también tenemos la alegría de nuestros dolores. Porque no nos interesa la vida indolora que la civilización del consumo vende en los supermercados. Y estamos orgullosos del precio de tanto dolor que por tanto amor pagamos. Nosotros tenemos la alegría de nuestros errores, tropezones que muestran la pasión de andar y el amor al camino. Tenemos la alegría de nuestras derrotas, porque la lucha por la justicia y la belleza vale la pena también cuando se pierde. Y sobre todo, tenemos la alegría de nuestras esperanzas en plena moda del desencanto, cuando el desencanto se ha convertido en artículo de consumo masivo y universal. Nosotros seguimos creyendo en los asombrosos poderes del abrazo humano”…

Marcello recién arribado a Tel Aviv...
Volvimos de Yodfat de la misma manera que arribamos, pero mucho más contentos que antes. Dedo va, dedo viene, pestañeamos y ya estábamos nuevamente en Tel Aviv. Israel tiene algo magnífico (al menos para nuestra situación y nuestras posibilidades económicas), y es el hecho de que viajar de una punta del país a la otra, puede llevar a lo sumo siete horas en auto. A cualquier lado que a uno lo inviten, a cualquier ciudad que se tenga que ir, si se tiene una novia en la otra punta, no importa... sigue estando cerca.

Es curioso de todos modos el hecho de que para el gran porcentaje de los israelitas que nos cruzamos, esto no sea tan así. Para ellos implica a veces un trauma moverse a una o dos ciudades de distancia, lo que indica que en cierta forma, y dependiendo de cuánto espacio se disponga para moverse, las percepciones se conforman de manera muy distinta. La paradoja constante en muchas situaciones que la vida ofrece... A veces lo que para uno está muy cerca, para otros es inalcanzable... Todo depende de cómo se mire y cómo se encaren las cosas.

Netta... la mágica y eterna Netta...
Apenas llegamos nos encontramos a Netta, y ahí nomás y como si fuéramos parte de la familia, nos entregó las llaves de su casa diciendo que tenía algo que hacer y que después nos veíamos. Tan genia y tan linda que no puedo ahondar en detalles. Llegamos, organizamos un poco la vida y nos dedicamos a esperar la llamada de Fede, una persona que nunca pasa desapercibida y que definitivamente cambia la energía de cualquier grupo en el que se inserta... para bien y para mal, pero que nunca olvida el condimento mágico de la vida, y por suerte siempre que llega, lo hace con grandes dosis de quilombo bajo el brazo.

El aire nuevo que aportaba la llegada de un amigo tan entrañable como Fede era un motivo de esperanza, de resurrección, de orgullo, de cambio de energía total de grupo. Y más aún, cuando este troglodita inconsciente, aterriza nuevamente con su cámara filmadora último modelo, anunciando que vamos a buscar un documental en tierras hebreo musulmanas, y que además, vamos a seguir viaje todos juntos hasta la India... Y ¿adivinen qué?... A encontrarnos con otra giganto amiga que también nos estaba viniendo a visitar. Cartón lleno y un anuncio de que la India iba a ser un desastre. Este viaje es una joda galáctica, y cuando nos toque parar, va a ser un bajón del tamaño de la Vía Láctea...

Pero todavía faltaba bastante para eso, así que nos metemos de nuevo en el relato. Federico llamó y dijo: “Mañana a la noche estoy allá”. Nos escupimos las mil emociones que nos invadían por teléfono, le comenté lo tremendamente linda que era Netta, nos mandó un mail con la confirmación de las fechas, lo leímos, chequeamos las fechas y nos sentamos a esperar nerviosos.

Había un tema que nos preocupaba bastante de su llegada: el hecho de que traía visas para un par de países de medio oriente, por lo que teníamos miedo que le rompan demasiado las pelotas en migraciones. Por esto pusimos a funcionar todos los métodos posibles de contención, entre los cuales el primero era lógicamente estar en el aeropuerto por si algo lo demoraba. Los demás consistían en datos de amigos en Israel, el lugar donde estábamos parando, y una seguidilla de argumentos convincentes y bastante efectivos para marear a los señores de migraciones.

El avión, para nuestra desgracia, llegaba a las dos de la mañana, por lo que no íbamos a dormir un carajo... tampoco importaba tanto. Agudizamos nuestros pies y los pusimos a caminar hasta la estación de tren, el medio de transporte más fácil, más cercano a nuestra morada y más directo para llegar. La noche estaba lluviosa y fría, y ciertamente salir del calor del hogar daba muchísima paja... pero no importaba... ¿qué va a importar?... si llegaba Fede...


Mientras esperamos el tren, metiendo un bocadito pa' aguanta'...
En alguna estación...
Capítulo aparte los trenes israelitas. Aunque salen un ojo de la cara por un viaje de unos pedorros quince minutos, son super modernos y están muy bien mantenidos y equipados. Tienen asientos con tapizados lindos, son grandes, limpios, automatizados por donde se los mire y no están escritos ni maltratados en las paredes. Tienen mesitas para comer, un lugar para poner refrescos y otro montón de cosas más que no pude utilizar. Lo más criticable si se me permite, es que no hacen el típico ruido de vías... "cla, clá... cla, clá" lo que le roba cierta esencia al hecho de mirar por la ventana, y anula un poco los sentimientos de encuentros y despedidas que se condensan tras ese típico ruido tanguero... pero bueno, el resto perfecto.

El aeropuerto de Tel Aviv...
Llegamos al aeropuerto y una vez que ubicamos la pantalla de arribos en inglés, nos sentamos enfrente de la misma a leer y esperar. Lo primero que me sorprendió y me llamó la atención fue el equipo de azafatas que bajó de un vuelo de Ethiopian Airlines. Hermosas todas. Puteé para adentro cuatro veces seguidas a la cara del señor migración que nos había rebotado en la frontera unos meses atrás, y con la indignación apaleada por ello, me volví a relajar. Después me colgué mirando las máquinas de refrescos y chocolates, que novedosamente para mí (que nunca estuve en un país del "primer mundo"), contaban con la opción de pagar con tarjeta de crédito... “Mirá Juli, ¿viste esto?... se puede pagar con tarjeta”... Me sentí super paisa.

Después me puse a mirar la comida de aeropuerto, que siempre es tremendamente mala y que generalmente los precios la terminan de hacer espantosa e incomible. No había excepciones en este caso... un horror. Cuando estaba buscando con qué más hacer tiempo para no caer en la tentación de analizar toda mujer que pase, me di cuenta que estaba pelotudeando demasiado y que Fede no salía por la puerta de arribos, y en ese momento caí en cuentas también, que el gordo estaba dormido en un banco y que ya todas las personas habían desembarcado. Preocupante.

Nos pusimos en sintonía con el nonae y decidimos que lo mejor era ir a preguntar qué pasaba. Primero fue Juli y después yo. La respuesta fue la misma: “Federico Marcello no arribó en ese avión, no estuvo demorado y no pasó ningún puesto de control”. Puteé tanto, pero tanto por dentro, que gasté lo poco que me quedaba de energía. Intentamos un análisis de opciones hasta que finalmente nos iluminamos. “Perdón señorita, ¿el vuelo 658 que proviene de Roma, por casualidad es diario?”. “Sí señor, llega todos los días a la misma hora”... “Confirmado. Federico es un pelotudo mundial y se confundió la fecha”... “Vámono’ a la merda dogor”...

La hora malvada...
Volvimos bajo una lluvia tan tremenda y tan fría que todo lo que teníamos para maldecir y putear, lo multiplicamos por las gotas que nos caían, los autos que nos salpicaban, y cuán roja se iban poniendo las manos, la nariz y las orejas. Ni hablemos de la guita del pasaje de ida y de vuelta en tren que nos daba de comer una semana. 

¡Qué calentura que teníamos Fede! Te lo recuerdo una vez más por acá... pero bueno... pasó, como todo, como siempre... todo pasa. Así fue que nos entregamos a vivir un día por duplicado, incluyendo la lluvia y el frío, pero lo sorteamos muy rápidamente y lo que tenía que pasar veinticuatro horas antes, pasó veinticuatro horas después. Cuando le vimos la cara a este pedazo de forro apareciendo con esa impasividad por Israel, se nos llenaron de ojos las lágrimas... y viceversa, y se nos pasó todo. Un abrazo de un amigo es un remedio eterno.

Qué fuerte es ver a alguien que uno quiere tanto después de casi un año y qué fuerte e increíble es sentir reflejados en esa imagen todos los sueños que uno tenía cuando era un pendejo... que se cumplen y crecen y se siguen concretando. Hacer lo que a uno se le cante como sea, encontrándose con amigos, haciendo lo que te gusta y lo que no, pero conociendo, aprendiendo y viviendo este tipo de sentimientos y de encuentros que son un completo loquero. Me sigo pellizcando y todavía me cuesta creerlo y entenderlo. Infinito agradecimiento a la vida.

Pucho, abrazo y Marcello...
Pucho, abrazo y Marcello...
Y con toda este quilombo en el alma salimos del aeropuerto, y ahí nomás del otro lado de la puerta, nos fumamos veinte puchos lo más rápido que se pueden fumar veinte puchos, nos contámos las dos mil boludeces que nos aquejaban, las otras dos mil que nos ponían contentos, las dos millones que queríamos hacer e hicimos planes hasta el 2050. Terminado este quilombo de minitas cotorra, nos lo llevamos en tren hasta la casa de Netta y decidimos que Tel Aviv era demasiado para los estados emocionales de Fede, y acordamos de buena manera que luego de desayunar, de tomar dos mates, abrir la caja de alfajores y preparar el fernet para la noche, nos íbamos a pensar el documental al condado de Daniel. 

Sellamos un pacto de tranquilidad por un par de días para ubicarnos grupalmente, y luego de una pequeña vuelta por el centro para que Fede no se vaya sin oler Tel Aviv, nos metimos un par de sandwiches, armamos las valijas y le dijimos a Netta, que aunque no podemos creer lo linda que es, nos veríamos nuevamente en unos días, cuando Fede baje los decibeles del viaje y nosotros no podamos dejar de extrañarla. Entonces amigos lectores... Gracias por leer este post de amistad, de amor y de encuentros... Nos vemos en un par de días, cuando les presentemos el cronograma de inauguración de un nuevo documental intercontinental... ¡Hasta la próxima y salud!...


Bicis bonitas en la noche de Tel Aviv...
15 dic. 2011
Yodfat, un lugar perfecto. Episodio número uno…

Yodfat, un lugar perfecto. Episodio número uno…

Yodfat de postal...
Abandonamos Tel Aviv por la puerta grande, pero dejándola entreabierta, ya que en algunos días volveríamos para hacernos cargo de la responsabilidad y la felicidad que nos produciría ir a ser parte del arribo de Federico Marcello, quien diría nuevamente presente en Tel Aviv, no sólo para venir a visitar a esta banda continental, sino también para filmar un documental, e intentar hacer un pequeño recorrido conjunto por Medio Oriente e India.

Dijimos entonces hasta pronto, caminamos un montón de cuadras hasta encontrar la salida de Tel Aviv, e inauguramos dedo por rutas judías; que de carro en carro, y de desvío en desvío, nos terminaron depositando en un pueblo llamado Yokne'am, desde el que llamamos a Daniel, quien muy contento y excitado, sentenció que nos vendría a buscar.

Destacable es la facilidad para conseguir que te lleven en Israel. A la gente se la ve muy acostumbrada y abierta a la práctica del dedo, hecho que además de ahorrarte un dineral, te pone en contacto directo con todas las voces del país; que mientras hablan y expresan sus pensamientos y convicciones, te van regalando las claves para armar el rompecabezas de una de las sociedades más complejas que hemos visitado.

La luz se hizo y alumbró un encuentro virtual muy emocionante. Daniel apareció en su camioneta con una sonrisa perfecta, mucho más nutrido que en África, y con un ánimo con el que pocas veces nos recibieron. Intercambiamos las huevadas de rutina y nos pusimos rápidamente al tanto de lo que había pasado en nuestras vidas en un lapso de tiempo que era casi nada, pero también y a su vez, infinito.

Con Daniel en una excursión a la frontera con el Líbano...
La vida de viaje constantemente empieza y termina. Con cada país, con cada encuentro, con cada amigo, con cada amor y cada experiencia, se puede delimitar una etapa de tu vida que quizás duró sólo unos días, o unas míseras, pero extremistas horas...

Formalidades concluidas, ya casi estábamos dentro de Yodfat, uno de los lugares más perfectos en términos sociales que hayamos visto en largo tiempo. El camino es levemente sinuoso, y el pueblo reposa perdido y tranquilo en el tiempo, en alguna de las cumbres de un pequeño cordón montañoso.

Poco sabíamos de todo lo que nos esperaba vivir en este pequeño énclave israelita, que a buenas y primeras se notaba muy fuerte en tradiciones, pero muy relajado en términos religiosos, con gente mucho más abocada a sus tareas y asuntos de real importancia.

Casi no tuvimos tiempo de pensar nada ni de saludar a nadie más, que el suceso de elementos que introdujo Daniel a lo que iba a ser nuestra estadía, nos dejó en estado de shock, nos bajó de un hondazo de la vida citadina, y nos acopló en el paisaje y ritmo de un lugar al que podríamos tildar, además de perfecto, de terapéutico.

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Colinas de Yodfat en una de esas caminatas por la zona...


Bajamos de la camioneta y antes de que pudiéramos mirar alrededor, Daniel abrió la puerta de una casa de madera escondida en el medio de la maleza y nos hizo entrar. “Esta es su casa”. “Ahí tienen el baño con agua caliente, ahí tienen la cama de dos plazas, acá está la cocina y el anafe, ahí la vajilla, y les hicimos una compra de básicos para que puedan ubicarse” (verduras, té, azúcar, fideos, arroz, salsa de tomate, miel, aceitunas, dulces). Y como si todo esto no fuera un montón de felicidad, entró para ponerle la frutilla al postre un personaje que se transformaría con el paso de los días en un amigo entrañable. Mihail dijo “Hello”, se presentó sonriente y muy relajado, y dejó una taza de vidrio arriba de la mesa, llena de cogollitos de marihuana de su propia cosecha al susurro de “Enjoy”, “To chill”.

Decir “gracias” me dio vergüenza y a la primera seca que fumé, como muchas otras veces me sucede, sentí ese fuerte impacto del cambio de aire del medio ambiente. Ese pequeño momento en donde los nervios citadinos se desajustan para dar paso a pensamientos más enfocados, menos neuróticos, y mucho más centrados... Lo que está pasando aquí y ahora. Ese momento de cambio en donde el cuerpo anuncia que de ahora en más se declara en un momento de abstención de preocupaciones y se dedica a disfrutar del entorno, de la gente, y de todo de lo que esa interacción se desprenda.

Pequeñas plantaciones de aceitunas...
Caminando por Yodfat...
La entrada de la casa desde adentro...
Daniel preparando un poco de té...
Yodfat le ponía magia a la vida en menos de lo que me cuesta escribir este párrafo, anunciando que era de esos lugares de los que iba a costar desprenderse, porque si hay algo que le pone sabor a la vida y levanta todos los ánimos caídos, es ese toque de humanidad, de entrega y de simpleza, que no tantas personas saben expresar y mucho menos regalar. Con esta tremenda recepción resultó una obligación introducirse en su vida diaria, y en la de cada uno de los personajes que iban a saber alegrarla a cada instante. Yodfat, Daniel, y todo su clan inauguraban un período importante de conocimiento de un Israel mucho más desestructurado, con vetas muy distintas a las imaginadas previamente, cuya primera lección se centraba en el concepto de hospitalidad e integridad.

Así fue que además de Mihail, un pibe de veinte años que relucía un comportamiento y una templanza de un adulto consumado, apareció la novia de Daniel, Hadas, una persona con modos mucho más que dulces y delicados, cuya máxima preocupación radicaba en cabalgar cada mañana su propio caballo por la naturaleza circundante. Se había negado a hacer el servicio militar obligatorio y le interesaba vivir totalmente apartada de los quilombos israelitas clásicos. El cuadro lo completaban un sinfín de buenas personas y sus familias, quienes vivían en una llamativa armonía que los mantenía ocupados en sus quehaceres diarios, a los que por suerte, sumaron el confort de dos argentinos a la deriva.

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En la casa de Bonzo...

Entre las caminatas más destacables visitamos Old Yodfat, ruinas de miles de años de antigüedad, en las que la atracción principal son las cuevas donde habitaban sus pobladores de aquel entonces. Las mismas anclan su belleza y aura en una armónica rusticidad, pero me atrevería a decir que lo que realmente le da el touch místico al lugar, es la ubicación geográfica. Pararse en la cima de la pequeña montaña significa disfrutar de un placer audiovisual de dimensiones grotescas. Se obtiene la sensación de estar en el epicentro del mundo, un lugar desde donde todo el caudal de belleza se puede contemplar sin el más mínimo esfuerzo... y cuando la belleza no es forzada, siempre da la sensación de ser mucho más bella. Tecito, fasito, caminata, fotito... Ponele moño y volvamos.

Para sumar más excitación a la emoción y más gusto al sabor, Daniel nos organizó una comida en una famosa granja de la zona, lugar donde acudimos un viernes al mediodía en actitud ceremoniosa. Al paraíso culinario accedimos caminando luego de transitar un par de atajos montañosos por el lapso de unos veinte minutos, y para nuestra sorpresa y felicidad, resultó ser otro de estos conceptos totalmente desconocidos para nosotros. Una granja ecológica, pero de estas que no joden. TODO era ecológico. Y todo era ecológico porque además de ser gente preocupada por la mantención del medio ambiente, su principal fuente de recursos era justamente la comida, pero no cualquier comida, la mejor comida amigos que cualquiera de ustedes haya tenido el placer de desgustar.

Dentro de una cueva en Old Yodfat...
Uno de los almuerzos más ricos de la vida...
Ordeñando en la granja...
Vista desde la granja...
Se dedicaban a la elaboración de quesos, pan, ensaladas, vino y un par de platos elaborados. El sistema de producción de la granja funcionaba basado en el intercambio de colaboración y trabajo por un lugar para dormir, la comida correspondiente y el conocimiento que se adquiría. Esta ecuación era la responsable que uno se cruzara por los pasillos a algunos extranjeros que llegaban de algún lado del mundo y se quedaban a desarrollar sus virtudes culinarias, aprender un poco más de algo y luego seguir viaje.

La comida se acompañaba con un agua de jazmín que cada vez que la tragaba me parecía que estaba tomando algún brebaje "vida eterna". Los cubiertos adornados con hojas de lavanda y pastitos... El paisaje para acompañar la comida, como un rock and roll de Motorhead... perfecto. Todo, pero absolutamente todo, estaba basado en trabajo manual. No se utiliza ningún tipo de conservantes y hasta la levadura del pan la obtenían del aire. Nunca creí que tanta atención a tanto detalle pudiera producir la diferencia de sabor en elementos tan básicos como los que saboreé aquel día.

Para ponerle el broche de oro a tanta satisfacción, sus dueños, que a su vez eran productores y maestros, resultaron ser unos genios sin precedentes, y nos invitaron a ver todo el proceso de ordeñado de las cabras, en el que además terminamos involucrados y llenos de olor a leche sin pasteurizar, pero muy contentos de entender algunas diferencias entre máquinas y personas. Aquella comida y aquella tarde perdurarán en mi memoria como el día en que mi paladar subió los estándares de lo que entiende por “gusto”, más aún si consideramos que a esa misma noche, nos invitaron a nuestra segunda cena de Shabat, que era lo único que le faltaba a esta troop para ponerse a llorar de la emoción.

Hadas en el más allá...
Admirando la belleza circundante...
El caballo de Hadas...
Este shabat fue distinto, ya que las familias eran más tradicionales. Asistimos y presenciamos los dos mil rituales que giran en torno al mismo. No entendimos un corno lo que se hablaba porque se recitaba y se cantaba en hebreo, pero de todas maneras resultó muy emocionante el hecho de sentirnos parte y de ser tan bien atendidos... además de recibir la bendición de mano del patriarca de la familia, quien era el que manejaba los hilos de la ceremonia y los tiempos de la comida. A veces para hacernos sentir más cómodos esbozaba algunas frases en inglés mientras se reía y nos alentaba a hacer algo que no sabíamos. Tremendo, espectacular y sublime.

Para redondear esta primera parte de Yodat nos invitaron a volver una vez que nos reuniéramos con Fede en Tel Aviv, no sólo para seguir haciéndonos sentir como en casa, sino para que seamos parte de una fiesta tradicional hebrea llamada “Purim”, que se festeja a puro disfraz... tomando toda la cantidad de alcohol que a uno le entre en las venas. No hizo falta ni una sola palabra para convencernos. Sí automático, si los hay...

Sábado relajado con algunos vecinos...
Así que antes de alistarnos para ir a buscar al tercer delincuente de la banda, solamente restó compartir algunas tardes en las distintas casas, saborear una infinita cantidad de té, fumar una no menor cantidad de marihuana terapéutica y decir hasta luego... nos vemos en escasas horas... Gracias y hasta las próximas aventuras de Yodfat, un pueblo para admirar y sacar conclusiones...

Este post va dedicado a Hadas y su caballo, quien murió galopando la penúltima tarde de aquella estadía, y que a pesar de su larga vida y de una de las muertes más dignas que le pudiera esperar, dejó un vacío que sólo sigo pudiendo entender, recordando los ojos que Hadas me mostró en aquel triste día. ¡Salud!
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