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30 mar. 2012
Agra, Taj Mahal y… Rajemo' ya de acá vieja…

Agra, Taj Mahal y… Rajemo' ya de acá vieja…

Bienvenidos al Taj Mahal...
Abandonar Varanasi fue una especie de balazo al corazón... Pero gracias a algún dios la vida continua, y el que se queda se estanca, y el que se estanca se aburre, y el que se aburre, o no es feliz, o se crea muchas mentiras para serlo, que podrán ser tildadas de efectivas, pero por otro lado son bastante indignas; y nosotros podremos ser tildados de muchas cosas, pero de indignos, jamás...

Así fue que huyéndole a la indignidad, trazamos un cuadro poco conveniente para nuestra salud corporal. Haciendo caso omiso a quienes nos habían advertido que Agra, la ciudad donde se encuentra el Taj Mahal, es fea y no vale la pena quedarse más de un día, decidimos llegar por la mañana y retirarnos muy prontamente, específicamente a la madrugada del día siguiente... sin dormir, en otro tren hacia Amritsar, ciudad donde le pondríamos mucho más vértigo a este lunático viaje con otra imperdible atracción: “El Templo Dorado”.
 
Pero para ello, de mínima faltaba visitar una de las siete maravillas del mundo, así que dejamos las conjeturas y los detalles para otro momento, y nos trepamos nuevamente a un tren que a toda velocidad y una tremenda puntualidad, desparramó nuestras encendidas humanidades en alguna parte de la India, indicando que teníamos exactamente doce horas para recorrer, conocer, y/o experimentar el Taj Mahal. Conscientes de la cantidad de cosas que pueden suceder en la vida en doce horas, todo nos chupó bastante un huevo, y decidimos que con el sol acribillador del mediodía no caminábamos ni en pedo, por lo que directamente agendamos el evento para la tarde.

Rickshaw en primer plano en el arribo a Agra...
Puestito de agua en Agra...
Lo primero que hicimos apenas llegados a Agra fue no darnos cuenta de nada y terminar trepados a un rickshaw de un tipo al que no le entendíamos mucho lo que decía, pero al que le escuchamos la palabra “Taj Mahal” muchas veces seguidas. “Sí, Taj Mahal capo, vamo’”. Nos enlatamos grotescamente y lo primero que le indicamos fue que teníamos que ir hasta otra estación a sacar el pasaje de tren para Amritsar. Todo fenómeno, nos llevó, sacamos pasajes para la madrugada siguiente, pedimos agua para mate y nos volvimos a subir a la motito.
 
El tipo empezó a querer vender paquetes de visita por toda la ciudad, “que te llevo acá, allá, a otro lado y que te vuelvo a buscar y te cobro tanto”... “mmmhuuu... mirá, nosotros queremos ir a una casa de cambio ahora... eso es lo que queremos”. El tipo nos llevó con unos con los que tenía arreglada una cometa, que de última “todo bien”, “se igual... me da lo mismo”, pero... “mejor la vamos cortando...”.
 
Después ya nos quiso meter a desayunar con otro que tenía arreglada otra cometa. Ahí ya le dijimos que nos había llenado las bolas, que queríamos ir a los alrededores del Taj Mahal, y que el tour en moto en todo caso lo íbamos a hacer la próxima vez que vengamos a la India. El chabón nos dejó en una calle a dos cuadras del mausoleo, nos preguntó la nacionalidad y nos dijo que nunca más pensaba hacer negocios con argentinos. “Usted tiene toda la razón, nosotros tampoco los haríamos... Un abrazo, besos, suerte...”.

Agra desde alguna terracita...
Ya en las inmediaciones de este obligatorio monumento para todo ser que visite la India, nos dedicamos a regular los pasos, movernos muy lentamente y a abastecernos de toda el agua posible para intentar no morir deshidratados y/o calcinados. Para lograr llegar a todo esto, primero tuvimos que declararnos en guerra mundial contra las moscas, que en Agra parece ser que viven bastante a gusto y se dedicaron a reproducirse sin límite, tamaño, ni color.
 
Luego de perder entonces tamaña guerra, decidimos que haber venido hasta Agra sólo para ver el Taj Mahal era un despropósito vago, por lo que además nos lanzamos a un improvisado recorrido por los barrios aledaños, sólo para comprender que a veces por evitar un despropósito, se incurre en otro mayor. Este despropósito al cuadrado nos vio inmersos entonces en los recovecos de algunos de los barrios más indeseables de los que habíamos visitado hasta el momento en la India, caminando con las pulsaciones muy bajas, bajo un sol asesino, y en busca de clemencia, compasión y olvido...


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Tratando de pasar desapercibidos en una esquina de barrio...

Mugre, alimañas, y la ya nombrada infinita variedad de moscas, se sumaban al montón de nada que se exhibe en los alrededores del Taj Mahal. Hicimos valer la vueltereta para sentarnos a degustar unos charas que nos trajimos desde Varanasi... Cuando el entorno se mezcló por consecuencia con ese intenso modo 2x que el hachís suele ponerle a la vida, aparcamos en el primer bar que encontramos y nos declaramos en huelga; y sólo nos dedicamos a hablar giganto boludeces hasta que el calor amainara.

Nos aburrimos de un lugar, nos fuimos a otro, hicimos otra breve caminata frustrada por las inmediaciones de la maravilla mundial, y fuimos decidiendo que en todo caso, ya era hora de coronar todo a negro y meternos a ver qué nos deparaba el destino. Pagamos los casi veinte dólares de la entrada, reclamamos el agua prometida en el combo y nos colamos descaradamente por una de las entradas laterales justo antes de morir calcinados por duodécima vez.

En los alrededores del Taj Mahal...
A la gente mucho no le importó. Casi podríamos decir que ni se dieron cuenta. Ya sin más sobresaltos, nos vimos surcando este mundo loco de la arquitectura y de sus expresiones de amor llamado Taj Mahal; mausoleo construido entre los años 1631 y 1654, como obra póstuma para una de las esposas de un sultán musulmán, que se ve que además de amar un montón, tenía otro montón de guita. (Más datos irrelevantes en el link).
 
La verdad que visitar este espacio es una experiencia bastante interesante y muy poco trasladable. Es de esas cosas que hay que ir a ver para realmente poder entender. Nosotros, como casi todo el resto de la humanidad, lo habíamos visto en dos mil fotos antes de llegar a la India y otras diez millones más estando adentro de ella... La foto no sirve, lo que vale la pena, como en casi todo en esta vida, es la experiencia cercana del primer tipo. Y sí... en el Taj Mahal vale la pena holgadamente.

El acceso hacia el complejo de edificios está marcado por una estructura apodada "la Darwaza", una especie de edificio arco como encargado de dar la bienvenida, y la primera de las estructuras que impacta sublimemente en las pupilas. Vale la pena detenerse a contemplarlo y analizarlo un largo rato. Es una especie de anuncio y un "tatequieto" que anuncia lo que está por venir. Una especie de bocadito visual  que te hace relamer las pestañas y te prepara para lo que está por venir. Tremendo.

Apenitas entrados... En fin...
La Darwaza, preámbulo...
Taj Mahal artístico...
Una vez que uno supera este edificio, ya se deja apreciar en todo su esplendor la perfecta simetría, belleza y fachada de este descomunal edificio llamado "Taj Mahal". Este soberbio y descomunal edificio que contiene la tumba de la agraciada esposa del sultán (y ahora también del sultán), da la sensación como de ir extendiéndose en el perímetro visual y amplíandose a cada paso que uno se acerca; produciendo una reververancia en las cuerdas vocales que se traducen en un “guauuuu” muy extenso y genuino. Ese "guauuuu" no es tampoco una mera expresión vocal, sino también una manifiestación abstracta que se repite una y mil veces en la conciencia mientras uno camina el predio.
 
La recorrida es libre y gratuita una vez que uno está dentro, y sólo hay que hacer cola para entrar a algunos sectores del edificio principal, que como en casi todo edificio musulmán, es obligatorio sacarse los zapatos. Miles y miles de personas caminan por los alrededores de este descomunal edificio liberando mucho olor a pata en todas las direcciones, que por cierto queda bastante bien disimulado, entre tremenda belleza y descomunal arquitectura,
 
Hasta los jardines que rodean el edificio principal son simétricamente bellos. Las fuentes en el jardín tambien son hermosas. A los costados del edificio central se encuentran dos edificios que son exactamente iguales, pero que no son lo mismo. Básicamente uno es una mezquita, llamada "Masjid", y el otro, aunque es gemelo (pero que no tiene los típicos minaretes ni orientaciones para el rezo) se llama "Jawab", del que no sabe realmente que función cumplía, aunque se corre la bola que era un lugar para hospedar gente de tránsito. Una especie de Telo...

Taj Mahal for ever...
Tremendo mambo...
Detalles de la escritura en la pared del Taj Mahal...
Los detalles técnicos del edificio son aburridos de escribir. Hay muchas piedras preciosas, oro, plata, quilombo de guita y demostraciones de poder por todos lados. Es una fusión de distintos tipos de arquitecturas y lo construyeron entre algún numero estúpido de personas. No quiero agregar nada más... Es tremendo. Realmente impactante, y según nuestro pobre y corroido criterio, se merece ser una de las maravillas del mundo. No es del estilo del Machu Pichu, o Petra...  Es más una onda pirámides, que si algo les puedo criticar, es que por lo menos en mi experiencia, son maravillas del mundo de las que uno no se puede llevar más que la sensación de belleza y magnimidad. No deja de ser arquitectura y el gran faltante, es el entorno que refuerce el mito.

Machu Pichu o Petra son eventos que probablemente repetiría muchas veces en mi vida, por el simple motivo de que además de contener elementos arquitectónicos despampanantes, el entorno en donde se encuetran inmersos define la mística. Las pirámides están buenísimas, en el Taj Mahal se me cayeron los lompa, pero no vendría a la India, mucho menos a Agra, especialmente para ver esto... aunque ni lean, esto es sólo una sensación personal, reforzada por otros tres limados que estuvieron mirando detalles de trabajos caligráficos insertos en mármoles, por algún corto período de tiempo en alguna parte perdida de Agra.

El Masjid... Edificio lateral...
Testeando que sea el verdadero Taj Mahal...
Laburo complejo...
La experiencia valió la pena... El edificio... de otro mundo... Si vienen a India hagan el esfuerzo de convivir con las moscas por un rato y no se lo pierdan. A los que nosotros respecta, cuando nos aburrimos y empezaron a sonar las chicharras de “estamos cerrando chicos”, nos fuimos a sentar por largo rato a algunas terrazas de la ciudad que muy amablemente nos abrieron sus puertas, nos proveyeron de alguna que otra cerveza fría, y nos bancaron los vicios sin chistar. Le hicimos mucha fuerza al cansancio. El tiempo pasó de a poco, hasta que por fin vimos que iba siendo una hora conveniente para comprar unas frutas, un poco de agua, puchos, y acercarnos nuevamente a esperar el tren que nos llevaría a visitar una ciudad que sería absolutamente inolvidable: Amritsar
 
Desde allí el avistaje de los Siqs y del "Templo Dorado". Los esperamos luego del viaje y gracias por apoyar desde el otro lado...
23 mar. 2012
Varanasi, una de las siete ciudades sagradas y un giganto flash cósmico...

Varanasi, una de las siete ciudades sagradas y un giganto flash cósmico...

Varanasi 100%...
Nos sumergimos durante una larga cantidad de horas en los asientos de un tren que casi no nos iba a dejar dormir, y que ciertamente sería testigo de un intercambio de ansiedades y desórdenes emocionales que arrastrábamos hace largo tiempo. A la excitación de la llegada de la Rubia, se le sumaba que estábamos casi arribando a uno de los puntos de máximo interés para casi cualquier persona que visite la India: la ciudad sagrada de Varanasi.
 
El tren se demoró un poco más de lo esperado, pero apenas entrada la mañanita nos encontramos desembarcando en la estación principal... Y sucedió que ya no éramos cuatro, sino que junto a la compañía de Ruchika, una india autóctona de Nueva Dheli que venía a conocer y a pasar el fin de semana en la misteriosa ciudad, contábamos cinco almas intentando encontrar alguna zona propicia para el hospedaje.

Lo primero que nos sorprendió fue lo grande que es Varanasi. Aún no sabemos muy bien porqué, pero nos veníamos imaginando un pueblo místico y tranquilo... y nada más lejos de la realidad; o más bien todo lo contrario: una ciudad muy grande, muy ruidosa y superpoblada de personas, autos, rickshaws, olores, comida, religión, muerte y vida . La estación de tren a la que llegamos se encuentra una buena cantidad de kilómetros de la zona céntrica y del evento definitivo y magnánimo que define a Varanasi: los ghats que corren a lo largo del sagrado ríp Ganges.

El Ganges y la tremendamente bella ciudad de Varanasi...
No entiendo más nada...
Fede y Ruchika tomando mate...
Así fue que con todos nuestros equipajes nos amuchamos en un rickshaw, y apenas un par de minutos antes de deshidratarnos, ya nos encontrábamos en zona intentando encontrar el sucucho más barato de todos; recorrida que encaramos junto a Federico, y que nos llevó mucho más tiempo del esperado. Finalmente encontramos una pieza con ventilador, que además contaba con las cinco camas necesarias por esos precios indios que siempre resultan mucho más que convenientes. Tiramos todo adentro entonces, y salimos a comernos un flash cósmico supremo, que empezó en el primer segundo y que muy probablemente nunca terminó...

Para situarlo un poco a usted que está del otro lado, hay que sacar a la luz un dato de máxima relevancia para entender de qué estamos hablando. Varanasi es una de las siete ciudades sagradas del Hinduismo, como así también, del jainismo y del budismo. Pero lo importante más allá de todo, es que según la tradición hinduista, quien muere en Varanasi o a sesenta kilómetros a la redonda, es librado del ciclo de reencarnaciones, y por ende, todo se vuelve felicidad y se queda absuelto de tener que lidiar con cualquier tipo de vida en un futuro. ¿Usted quiere vivir para siempre? Gran cantidad de indios no...

La familia tomando un baño sagrado en el Ganges...
Mucho Hinduismo en una pared...
Juli atrapado por un masajista en alguno de los ghats...
Por otro lado, la abrumadora mayoría de los creyentes de los creyentes hacen uso de sus aguas visiblemente contaminadas para purificar sus pecados. Se bañan en el río principalmente en horas de la mañana, momento en que se muchos turistas realizan un típico e ineludible paseo en barco por enfrente de los ghats, para adornar un amanecer estúpidamente bello y místico, con otro montón de hechos llamativos que escapan al entendimiento de la mayoría de las culturas occidentales.

Pero para esto faltaba, y lo que queríamos primero que nada era caminar y mezclarnos entre tanto cambalache y tanto color. Varanasi una vez que te fumaste uno con todos tus amigos y una india moderna experimental, se transforma en un carrusel que da vueltas y más vueltas, y que no encuentra la manera de frenar el éxtasis y la diversión. De nuevo... y por millonésima vez, ese sentimiento infinito e inacabable de sorprendernos con todo lo que se nos puso en el camino, fue lo que asomó durante el primer día de caminatas por cualquier recoveco que eligiéramos.

En Varanasi la densidad poblacional de vacas es mayor a la de humanos. La cantidad de turismo es abrumadora, las calles son todas, y una por una, una gran aventura que no se sabe en qué o cuándo termina. Callejones que serpentean sin rumbo por una incontable cantidad de rincones... llenos de moscas, llenos de bosta y llenos de todo tipo de comestibles y basura en estado de putrefacción.

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 Una caminata por las callecitas de Varanasi...

A su vez, plagados de tiendas que venden saris, vestidos y todo tipo de cualquier cosa que se pueda enmarcar en el rubro textil. Ancianos que se encuentran esperando la prometida "muerte final", personas corriendo con cadáveres hacia los crematorios, pobreza, un montón de comida, de frutas, de jugos, de lugares que no se entienden que son... Gran oferta de opio, marihuana, hachís, heroína y cualquier otra cosa que a uno se le antoje. Todo, todo junto, todo nuevo, todo tremendamente llamativo y conviviendo en un medio ambiente que parece estar siempre al borde de algún tipo de explosión.

Por otro lado quisiera afirmar que más allá de todo lo anteriormente expuesto, Varanasi es una ciudad para caminar incansablemente, para mezclarse, para intentar espiar atrás de los agujeros, en los huecos, para charlar con cualquiera, para dejarse llevar por la mezcla de olores que constantemente exasperan los sentidos. Varanasi es una ciudad que sin perseguirte te atrapa, que sin buscarte te encuentra, que sin amarte te deja una agujero en el alma...


Atrapados sin salida...
Ghat de Dasaswamedh antes de la ceremonia...
Colaboran a ello su mística, su condición de ciudad sagrada, sumadas a su arquitectura, su distribución espacial, su color, la basura, su amabilidad, sus templos... Casi todo hecho específico en Varanasi invita a una pregunta, a una duda, y a un estado indefinido de la realidad con el cual experimentar, jugar, y por ende, divertirse. Una vez entonces que nos sentimos inundados y rebalsados por este pedazo de flash hinduista 2.0, y que logramos superar la primera etapa de estupefacción, fue que decidimos armar cuatro más y embarcarnos en esto de "hacer zoom" y entregarnos al análisis sesudo y meditabundo de la idiosincrasia de la ciudad.
 
Así fue como todos juntos de la mano e inundados de risas y sonrisas que tendían al infinito, la agarramos a Ruchika y nos metimos en algunos de los eventos memorables de esta parte de Viaje por Asia 1.0. Lo más relevante lo que a templos se refiere fue la visita al “templo dorado”, lugar del que salimos con las típicas marcas en la frente, pero en el que por suerte, no nos pidieron dinero por ningún concepto. Más allá de un par de monos que se pasean como panchos por su casa (como en varias partes de India) y una arquitectura no del todo espectacular, lo interesante fue presenciar cómo se desespera la gente por conseguir un espacio frente a las figuras de las deidades más significativas, o para tocar piedras, y otros eventos religiosos no indentificados.


El diablo con tridente y un amigo buena onda...
Vista de lo más popular de Varanasi...
Ghat de Mani Karnika, lugar de cremaciones...
La nota de color y de risa la dieron los policías que estaban de guardia en la puerta del predio del templo, quienes sacaron a relucir una enfática sexualidad  principalmente dirigida a la Rubia, pero que sospechamos que también se hacía extensible hacia alguna parte masculina del grupo. Nunca lo sabremos, pero ciertas caras debo decir que son difíciles de olvidar... en fin...

Para continuar vibrando al ritmo de un hachís de muy buena calidad, pusimos rumbo hacia las ceremonias que se realizan enfrente de los ghats de Dasaswamedh y Man Mandir, que son un pire diario poco indescriptible, que se da libertades alrededor de las siete de la tarde, y que en principio mezcla humo, fuego, y tomatas de agua del Ganges. También acompañan musicalmente instrumentos como tambores, campanitas, velas y candelabros, que tienen por fin rendir homenaje al río más sagrado de la India.

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Ceremonia diaria frente al Ganges...

Las ceremonias están inundadas de peregrinos de todos los rincones de la India, aunque justo el día que asistimos, también llenas de extranjeros que se los devoraba el personaje... de los que la más destacable y la que se llevó el premio a la boludez inexcusable, fue una hippie que se sentó en medio de la multitud, probablemente en el lugar más visible, a pretender meditar... Una atrevida que intentaba cerrar los ojos y mostrarle al mundo su extremo poder de concentración... 

Un desperdicio y una lástima, porque lamentablemente estaba muy fuerte, pero se le habían pegado las neuronas y se le había formado un masacote jodido que la mantenía en actitud de comportamiento exagerado. Una pelotuda a cuadros. Hasta los indios la miraban asombrados... ¡Poechitaaa! La ceremonia un lujo total, aunque quizás podríamos criticarle un poco la duración... Muy larga para el poco poder de concentración en un mismo evento que tenía en aquel momento.

Así que... como el tiempo vuela y la vida se acaba rápido, y teniendo muy en cuenta que no nos queremos morir sin hacer una lista gigante de cosas que tenemos anotadas, decidimos que era tiempo de seguir todo lo que se pueda, y luego de comer algún tentempié y meternos algunos litros de agua y bebidas de la India, nos fuimos a presenciar otro de los eventos estrella de Varanasi: la cremación de cuerpos en el ghat de Mani Karnika.


Cuerpos que se van al inframundo en Mani Karnika...
Ceremonia diaria...
¿Qué decir de este novedoso evento? Empecemos por lo obvio: observar concienzudamente varios cuerpos recientemente perecidos quemándose todos juntos es definitivamente un flash. Pero a lo que a mí respecta es sólo un flash producido por la relación que se tiene con la muerte en el mundo "occidental", que para ser honestos, es nula. El mundo "occidental" se empeña clara y frenéticamente en anular, esconder y negar la muerte.

Entonces para esta troop criada y crecida en esa bobera, procesar de repente cuerpos maltrechos y semi pútridos que se van evaporando directamente en frente de sus ojos, y van dejando huesos al descubierto, mientras se les desprenden extremidades que alguien se encarga de devolver a la montaña de llamas, es un poco chocante. Pero pasada la primera impresión y los primeros quince minutos de flash, y considerando y tratando de absorber esa parte de la cultura que se nos ha visto bastante negada y escondida, concluimos que nos parece mucho más natural que lo que hacemos nosotros.
 
El fuego con que el se enciende la cremación es portador de varios mitos. Nos llegaron a decir que hace unos cinco mil años que no se apaga, cosa que parece un delirio, pero debo decir que razonando y razonando es muy factible que así sea. Se realizan rituales alrededor de los cuerpos... Familiares, maridos, etc., tienen los roles bien definidos y comportamientos que no vamos a describir por falta de espacio, pero en los que vale la pena indagar. El ambiente nocturno del ghat es sublime, un espacio de comunión y de reunión, mucha tranquilidad y la intensidad de varias almas que se van evaporando en el aire.


Espectacularidad india...
Nuestro Bang-Lassi benefactor en Varanasi...
Obviamente el aire está cargado de un misticismo despampanante, que relaja un poco sus niveles si uno fuma menos, y si es la segunda o tercera vez que se lo visita. Hay simbolismos hasta en la cantidad de leña que se utiliza. Si no se dispone del dinero para comprarla hay algunos recursos de amparo disponibles. Un lugar precioso y ciertamente muy sagrado. De lo más sagrado que vi y experimenté después de los hongos alucinógenos y mi dios: honguito...

Para ponerle la corona a un día rey, nos fuimos con toda esta cantidad de imágenes transmitiéndose de neurona en neurona, a perdernos en un paseo nocturno por diferentes partes de Varanasi, para ver si lográbamos bajar un poco de tanto estímulo y tanta información. 

Para finalizar debo hacer alusión al famoso paseo en barco. No sé cómo calificarlo. ¿Chistoso?, ¿bizarro?, ¿fumón?. Quizás todo junto. Nos levantamos a las cinco de la mañana totalmente en contra de nuestra voluntad, y lo que básicamente sucedió fue que nos excedimos en el tamaño del porro que nos armamos... Encima fuimos en ayunas... ¡Fiuuuuuuu!... De lo manija que quedamos no podíamos siquiera arreglar el precio. Ese paseo en barco fue nada y todo a la vez.


Manivela...
Manija y manivela...
La supuesta comitiva de National Geograpichs...
Fiuuuuu....
Se escucharon frases como: “Mirá, mirá... Son los de la National Geograpichs...”. Vimos pasar gente mirando televisión en una canoa. Nos ofrecieron cosas de barco a barco... Mientras la gente se bañaba y nos miraba pasar desde las orillas del Ganges, la Rubia gritaba: “Eso es un brazo... Mirá ahí... Flotando... Eso es un brazo...”. A Fede parecía que los ojos se le iban a salir del cuenco craneal. Creo que el indio que remaba le llegó a preguntar si se sentía bien y le recomendó irse a dormir. Por mi parte, si hablaba me reía como un idiota... daba cierta vergüenza. Por último Juli sacaba fotos a cualquier cosa menos a lo importante. No sé... El evento que supuestamente es estrella en Varanasi, para nosotros fue el mejor chiste desde que nos volvimos a juntar. Un paseo que seguirá navegando en los distintos estados de mi mente.

Después de todo esto, comentar sobre el festival de música, las vueltas en moto, y tanta información descolgada y archivada, ya no tiene sentido y lamentablemente carece de lugar... Pero debo decirles que si de algo no nos cansamos en Varanasi, fue de pasarla bien. Nos despedimos de todo el mundo y quedamos a disposición de cualquier que quiera hacer preguntas... Seguramente no las vamos a saber responder. Nos vemos en Agra cuando este viaje bicontinental pise la tercer maravilla del mundo en el mismo recorrido: hacia el Tah Majal señores... ¡Salud!...

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Ganges espiritual...
16 mar. 2012
Nueva Delhi, llegada de la Rubia y una rápida huida hacia Varanasi...

Nueva Delhi, llegada de la Rubia y una rápida huida hacia Varanasi...

La "Rubia" Olivera... siempre multifacética...
De lo que menos ganas teníamos luego de un estado de relajación que rozó lo vegetativo en Pushkar era de meternos nuevamente en el loquero de una ciudad; pero a su vez, de lo que más ganas teníamos en la vida era de reencontrarnos a nuestra máxima gurú femenina grupal: María Agustina Olivera, divorciada, 30 años y bomba sexy 100% argenta. Así fue que en busca del glamour perdido, nos entregamos a un viaje de ocho horas en un bus cama, que nos depositaría casi sin escalas en el movimiento de Nueva Delhi.
 
Llegamos en tempranas horas mañaneras, derretidos por el calor, acusando cierta deshidratación y un acorazado mal humor basado en tener que lidiar con el movimiento de los dos mil bultos de pelotudeces que compramos en Pushkar. Bajamos en la estación central de bondis, y ahí nomás, siguiendo los consejos de nuestro gurú oficial de la moda, nos metimos en el túnel del subte, que según sus sabias palabras, sería “la mejor manera (más barata) de llegar a la zona de Pahar Ganj, lugar donde se da cita el turismo internacional en Delhi, y sitio elegido para esta primera y más que volátil estadía.

Contábamos con el tiempo suficiente como para encontrar algún depósito que se hiciera cargo de nuestros equipajes, sacar el pasaje para nuestro siguiente destino, Varanasi, y recorrer ligeramente las inmediaciones en busca de un teléfono celular y aditivos para el reencuentro. Una vez que bajamos del subte, nos costó mucho más de lo debido tomar la decisión de caminar o pagar un taxi por las ocho cuadras que nos separaban de los hoteles. Terminamos optando por la primera, y sufriendo estúpidamente el calor, hicimos una recorrida hotelera rápida y de rutina, encontramos un sucucho con ventilador por un precio bastante amable, y nos empezamos a cagar a trompadas con nuestras pocas ganas de enfrentar el calor deshidratante y el mundo circundante.


Caruchas cortis...
Juli y su arma predilecta... el Djembe...
Si bien habíamos escuchado de boca de otros turistas que Delhi era algo así como la muerte en ciudad, a nosotros no nos pareció en lo más mínimo una ciudad compleja, y por lo menos en la zona de Pahar Ganj todo está muy cerca, es bastante más barato que Mumbai, y aunque la gente es bastante pesada con el tema de la venta, se disipa rápidamente cuando ve que no le das pelota.
 
De todas maneras esto no implica que no sea una constante que alguien te esté persiguiendo para ofrecerte todo tipo de bienes y servicios, aunque luego de un par de horas de caminata, todo se transforma en un gran paisaje, y uno logra perder el registro. El calor aplastante hace que se disminuya al mínimo el esfuerzo para todo lo que no sea urgente y absolutamente necesario, y como nosotros veníamos bien enfocados con ciertos objetivos, nada logró interponerse en nuestro camino hacia el éxito.

Fumamos uno y nos dividimos las tareas, o más bien al revés, porque si no nada hubiera salido bien. Durante la primera mañana teníamos las averiguaciones hechas para el tren a Varanasi, la forma más rápida y menos contraproducente para llegar al aeropuerto, el celular en mano, y hasta tuvimos tiempo para ponernos al día con los mails y comprar algunos suvenires que Fede quería dejar en el depósito junto a los bultos de ropa.

 Pahar Ganj: desde las terrazas...
Las impresiones de esta parte de Nueva Delhi no son muy distintas a las que podríamos usar para describir los alrededores de la estación Retiro en Capital Federal, aunque también podríamos decir que distan dos universos de distancia, pero eso sólo sucede cuando se empieza a mirar el entorno con lupa; por lo demás: comercio extremo, infinitos puestos de comida, elementos de primera necesidad del viajero, casas de las mil y una boludez "típica" de la India, kioscos, jugos, comida callejera, gente que nunca para de moverse de un lado para el otro, estaciones de tren, taxis, rickshaws, gente pidiendo dinero... Calles de tierra, mucho recoveco, mucho tranza, mucha persona atenta a que no se caiga nada de la mochila, y gente jugando con las mil facetas del turismo, pero nunca tensando las cosas lo suficiente como para que uno se ponga a la defensiva. Un lugar de tránsito, de trámites, de puesta a punto y de aprovisionamiento básico.
 
En Pahar Ganj no se dejan ver muchos templos o elementos del imaginario que India exporta. Es más bien un lugar hardcore que el calor se encarga de asfixiar. Lugar de contacto y encuentro con un montón de turistas de todo el mundo que están preparando sus estrategias de movilización por el resto del país. Es pobre, sucio, bastante dejado, pero lleno de vida y de urbanidad. Millones de hormigas que se mueven en un radio no mayor a dos kilómetros tratando de sobrevivir a los diferentes embates del medio ambiente. Por la noche se corta la luz muy seguido, cosa que motiva además de un abandono apurado de la pieza del hotel (so riesgo de transformarte en agua), muchas puteadas por la falta de aire. Sin ventilador, y dentro del cemento en la ciudad de Delhi, es absolutamente imposible dormir y no morir en el intento.
Un Thali bien logrado...
Las dos millones de puestos de comida se parecen bastante entre sí, pero si una afina un poco el ojo y tiene paciencia, termina entendiendo la diferencia entre un tipo de arroz y otro, elige que tipo de chapati le interesa más, y que thali realmente vale la pena. Especialmente en esta parte de Delhi, no se interesan demasiado por la variedad de la oferta, sino por intentar meterte de prepo las pocas cosas que tienen. La opción alternativa reside en las frutas. Se pueden encontrar mangos, bananas, ananás, etc., todas de muy buena calidad. El chai es omnipresente y una de las mejores cosas que he probado hasta ahora en India. Principalmente la variante “Masala” resulta particularmente exquisita, aunque afuera hagan cincuenta mil grados centígrados.

Entonces luego de terminar todos nuestros trámites, de comer algo, de tomar mucha cantidad de agua y de comprar un par de atados de Win, el cigarrillo más barato de la India, nos lanzamos a la búsqueda del depósito que nos librara del karma de cargar los bolsos por todo el mundo. Aliviados entonces por el abrumador éxito en nuestro cometido, y con ochocientos kilos menos en la espalda, quedamos a punto caramelo para dormir quince minutos y lanzarnos a la búsqueda de la estrella fugaz más cumplidora del último año y medio.

Para ello decidimos abordar nuevamente el subterráneo, precisamente el ramal que se terminó recientemente para los juegos de la Commonwealth, que por otro lado parece ser parte de otro país. Vagones futuristas, limpieza absoluta, precios acordes y rapidez absoluta. Una opción mucho más que conveniente que te tele transporta hacia la felicidad o la tristeza que suelen contener los aeropuertos.

A la espera... (foto archivo)
"Subte" futurista en Delhi... (foto archivo).
Nos embarcamos en el trip, y en pocos minutos, estábamos reposando nuestros ansiosos cuerpos del otro lado del vidrio de la sala de arribos, a la espera del pelo rubio más conmovedor en largo tiempo. Y la magia sucedió nuevamente, y la emoción se hizo realidad, y las palabras nunca alcanzan cuando de reencuentros de corazones se trata. La Rubi apareció por un típico carrito de valijas a llenar de hechizos nuestras vidas y a desparramar toda su hermosura natural en tierras asiáticas...

Riendo, cansada, abrumada, excitada, feliz, ¿quién sabe?... Como es ella, que nunca se sabe bien, pero que no hace falta... La sinergia de las almas es lo que en definitiva nos pone en movimiento y nos lanza a la búsqueda de aventuras... y porqué no también, a sentirnos extasiados con el hecho de compartir un espacio temporal y espacial en nuestras vidas.

Llegó con toda su aura a cuestas, y como siempre, con un montón de caricias para el alma. Además de fernet, yerba, alfajores, dulce de leche, y otro sinfín de boludeces de primera necesidad y urgencia, desempacó una cantidad de golosinas extrema, que sólo fueron una prueba más de su dulzura y de su encanto. La Rubia eterna estaba parada finalmente enfrente nuestro, confirmando que este viaje es un sueño hecho realidad por milésima vez.

Tremenda banda...
Caricias para el alma...
Le chupamos la energía, nos sincronizamos en modo "cuatro", acomodamos nuestros caprichos a su presencia, y todos juntos empezamos a meterle un punch mega mongo al tiempo que teníamos por delante. De acá en más, lo único que restaba, era disfrutar y compartir.

Rápidamente abordamos el subte de vuelta al micro centro de Delhi, nos fumamos dos mil, nos fuimos poniendo al tanto de los detalles más sobresalientes, y salimos corriendo a sacar el pasaje para Varanasi, evento que sucedería la misma tarde de la llegada, y que sería el puntapié inicial de una época marcada por el éxtasis de un grupo que no supo ni pudo parar... y que además, no está interesado...
 
Bienvenida amiga, como siempre un placer, una emoción y un estallido volver a verte. Y para todos los que están del otro lado, les dejamos un saludo emocionado que los acompañe hasta el próximo post. Se viene una de las ciudades más sagradas de la India... Varanasi. Para flipar... Hasta la próxima...

1 mar. 2012
Pushkar, el gurú de la moda y dame otro bang-lassi por favor...

Pushkar, el gurú de la moda y dame otro bang-lassi por favor...

Bienvenidos a Pushkar: baba y vaca...
Dejamos atrás el manojo de sentimientos impúdicos del capítulo anterior en el medio de transporte más característico de la India: el tren. Un tren que además de ser barato, une a casi todo el país de una manera sorprendentemente eficiente. Aunque son algo lentos, son amables, y las infinita horas que uno pasa a bordo, intentando conocer lo poco que se pueda de este inabarcable país, se justifican holgadamente con los personajes, situaciones y panorámicas que se presentan durante el viaje. Comidas, razas, religiones, olores, y paisajes totalmente desconocidos, se suman a extranjeros, gente amontonada, músicos, lisiados, baños con mucho pis y caca, y un calor proveniente del infierno, para así, todos juntos y agarraditos de la mano, encargarse de que cada minuto a bordo se llene de consistencia.
 
En el tren ya no viajábamos solitos los tres, sino que veníamos acompañados por la mística, el carisma y la benevolencia de uno de los personajes más amigos del viaje: “Jota Eme”. Aunque como corresponde a su estirpe de mago, venía viajando en otro vagón clase “aire acondicionado” (lejos de las molestias mundanas), este gurú clandestino y errante, que se dedicaba a vagar por los salones más espirituales de la India, ponía desde allí un manto de vigilia sobre esta troop de inconscientes, y los guiaba hacia un camino de éxito y rock and roll, directamente al centro, el corazón y las mismísimas entrañas de la moda.
 
Así es mis queridos amigos... Si nuestra próxima escala era Pushkar (lugar archiconocido por ser la capital textil de la India), invadido de oportunistas como nosotros (pero un toque más serios), que compran y revenden todo tipo de artículos, ¿qué mejor que traernos a nuestro propio gurú de la moda, para que nos ilumine con sus conocimientos y nos evite un feroz e inútil desparramo de energía?; y ¿qué mejor además, que este poderoso ente energético, esté a su vez acompañado por una familia de magos blancos, que no hicieron más que alegrarnos la vida y metérsenos derecho al corazón?. Un lujo sin precedentes... Pero como les contaba...

Un poquito de tren hacia Pushkar...
Magos blancos: La Tila y el Carlo...
Bajo la protección del gurú... Con ustedes: Jota Eme...
Llegamos a Pushkar luego de combinar con un pequeño bus en un pueblo llamado Ajmer. El panorama cambió rotundamente. Al inconmensurable frenetismo e inquietud de la insaciable Mumbai, se le contrapuso la tranquilidad y la espiritualidad de un pueblo sumergido en algún confín de alguna pequeña montaña, que coquetea con un árido desierto, y es uno de los pocos lugares en el mundo donde existe un templo Brahmán.
 
Así sucedió que nos encontramos inmersos en este pequeño énclave de no más de quince mil habitantes, rodeados por templos, peregrinaciones a toda hora, y un sinfín de industrias textiles que ofrecen otra infinita variedad de objetos a precios absolutamente ridículos. La ciudad está asentada a orillas del lago del mismo nombre, que deslumbra con sus cincuenta ghats (escalinatas que conducen al río) que son los encargados de depositar a los peregrinos hinduistas dentro de estas aguas llenas de mística, mito y santidad. (Estas escalinatas resultan ser también lugares donde muy seguidamente se pide dinero a cambio de un poquito de pomposidad india. Muy común que agarren a personas distraídas y le saquen unas rupias para meterle algún tipo de protección en la frente).
 
Pero más allá del contraste y de lo que nos costó decidirnos por un lugar para dormir, si se llega a Pushkar con un gurú personal, todo se transforma en alegría, jolgorio y liviandad. Si además de un gurú personal todo terreno, se le agrega un brebaje hecho a base de hachís llamado bang-lassi, se tiende al descontrol de estímulos y felicidades varias, que no te abandonan nunca más durante toda la estadía. Y si a todo eso se le suma el encuentro con una amiga como Eva, que no veíamos desde que estuvimos por última vez en Sudáfrica, se grita cartón lleno, bingo, y los días en vez de pasar, se pegan unos a otros y se deslizan suavemente como si fueran una película en cámara lenta.


Jota Eme, Fede, Eva, Pablito y Gabriela...
El calor aplastante de Pushkar...
Marcello perdiendo la forma humana en una parada del tren...
Y es que todo parecía ya demasiado perfecto y demasiado real. Con Jota Eme nos pasábamos los días recorriendo las empresas textiles y aprendiendo del negocio de la moda de su mano mágica... acatando sus sabios consejos y anotando muy prolijamente qué carajo es una seda, qué coños una pashmina, un algodón o un sintético. Almorzábamos juntos en un barcito del que nos hicimos "habitués", y nos sentábamos a tomar chais esperando para descubrir quién sería el próximo en pasar.

Con Eva nos encontramos de casualidad en el medio del town... Ella venía con una amiga en una moto en dirección opuesta a nuestros intereses, y Fede que continuamente está mirando minas gritó como una loca: “Eva, Eva”... De todas maneras... encuentro coqueto si los hay. Algo demasiado raro y demasiado inesperado que no hizo más que reconfirmar el viejo dicho que sentencia: “El mundo es un pañuelo”... Y vaya que sí lo es...


Un recorrido de buena calidad por los vericuetos de Pushkar...

Entre babas, templos, amigos, amigas, estados de instrospección, vestidos largos, cortos y medianos, empezaron a transcurrir las horas y nos empezamos a encontrar con argentinos por todos lados. Los argentinos vemos una punta para no laburar y ya estamos todos juntos traficando yerba mate en alguna parte del mundo. Tremendo. Somos una plaga social y cultural que busca el billete fácil y la vida alegre, pero eso sí, estamos todos “haciendo negocios”. Salvo dos o tres "cachis" que conocimos por ahí, todos una manga de hippies buscas que a lo único que podían aspirar era a conseguir dos mangos más para seguir viajando... Tremendo, para partirse de la risa. De todos modos una linda argentinada y una buena forma de practicar un poco el castellano profundo.
 
Como la vida en sí misma ya no tenía sentido, y como todo se había vuelto una nube de pedos frenética de la que no estábamos dispuestos a volver, decidí enamorarme trescientas veces en dos días y dedicarme a no hacer nada al respecto. Fede se refugió en unos escritos que debía terminar para mandar a Buenos Aires, y Juli... Bueno, Juli se la pasaba fumando porquerías. Además, nos empujaba constantemente al consumo indiscriminado de bang-lassi, que te mete en unos estados psicotrópicos profundos que no hacen más que ponerle más color al color y más intensidad a la vida.

Fede laburando incansablemente...
El frenético mundo de la moda junto a Jota Eme...
La coca cola es para disimular...
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La gran "plaza" principal de Pushkar...

Comer se transformó en algo ocasional al paso, abandonamos totalmente la cocina, y solamente invertimos el tiempo en preocuparnos de que la felicidad se quede así como la queríamos... estática e inmutable. Además, la ciudad era casi vegana, por lo que no contaba entre sus alimentos básicos con cosas como carne y huevo, por lo que bis, el "gusto" te lo debo y “dame otro thali, pero esta vez no tan picante, que dormimos todos juntos en una pocilga y ya hay mucho olor”...
 
Una noche salimos a filmar vacas comiendo basura en compañía de Joy, una californiana muy bonita, pero que para sus veinte años ostentaba una locura digna de análisis, aunque también de admiración. Cultivaba marihuana medicinal en EEUU y le pagaban en seis meses mucha más plata que la que cualquiera que lee este post gana por año. Fuimos a una fiesta bastante fantasma de fuegos y bailes para turistos, y no nos tomamos ni una birra porque el único lugar que vendía abusaba de los precios impúdicamente.
 
Por último me veo en la obligación de redondear. Conocimos templos, comimos todo tipo de comidas que nos dejaban con hambre, nos codeamos con una infinidad de indios que nos querían vender cosas, pero con quienes terminábamos tomando té y riendo, y pasamos la mayor parte del tiempo sumergidos en un mundo nuevo para nosotros. Los vaivenes de la moda y sus beneficios dictaron que también se nos viera en repetidas ocasiones dentro de locales intentando definir una compra y haciendo malabarismos con los pocos dólares con los que contábamos.

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Ceremonia con música a lo indio... Tremendo...

Los días se fueron esfumando con el humo. Bajo el manto de aquella frase que dice: “la buena felicidad dicen que no se nota”, nos fuimos dando cuenta que teníamos que sacar un pasaje para ir a recoger al aeropuerto de Dheli a la nueva sex simbol de este grupo tri-continental. María Agustina Olivera, con todo su glamour y sutileza, se vería depositada en el aeropuerto en algunas pocas horas. Tocaba descolgar y hacerle un poco más de lugar a la sorpresa, al encuentro y a la dicha... Que ya todos sabemos que "no es cosa alegre"...

Nada de todo lo que relatamos en este post desganado y vago que refleja nuestro abandono a la vidurria en Pushkar, hubiera sido posible sin la contención, la ayuda, la guía, la sapiencia y la integridad de nuestro gurú personal. Por suerte con Jota Eme, “el único y verdadero gurú de la moda”, nos cruzaríamos incansablemente hasta el último día de nuestro viaje alrededor de India. Todavía nos quedaban algunas lindas ciudades para recorrer en mutua compañía y un vagón de sentimientos para compartir... Estabilizados y adornados por sus mágicas palabras. Este post es para vos cachi... Te lo mereces. Esta banda te quiere, te extraña y te lleva en la ruta por siempre.


Vista de los ghats...
Templo Neo Nazi...
En el bar fetiche... El dueño un capo...
Por lo demás ni más...  ni menos larga que cualquiera... pero en la India... Lleno de sorpresa, admiración, paja, hambre, amigos, amigas, y dos mil matices más que no supimos cómo incorporar. La vida a punto caramelo. No era momento de agregar, sino de disfrutar. A eso nos dedicamos y en ese plan seguiríamos... “Che Juli... ármate otro...” En fin... Nos vamos a fumar. Un par de besitos y nos encontramos en la próxima, cuando nos transformemos en multitud...
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