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20 abr. 2012
Vashist, parapente, reflexión y rock and roll...

Vashist, parapente, reflexión y rock and roll...

La banda eterna del parapente...
El traslado a Vashist fue decido rápidamente y por unanimidad. Restaban aún unos cinco días antes de que la Rubia partiera nuevamente hacia nuestro Buenos Aires querido, y unos diez o doce, para que sucediera lo mismo con nuestro productor y crea problemas favorito, el inconmensurable Federico Marcello. Así que decidimos ir cerrando etapas por capítulos, y todos juntos, más Claudio (Venezuela), Susi (España), Karina (Argentina) y Amelié (Francia), nos movilizamos cada uno a su modo y a su manera, hasta este paradisíaco y montañoso pueblo a los pies de los Himalayas.

El viaje lo realizamos en una combi nocturna, que se movilizó por entre sinuosos caminos montañosos, que propiciaron ciertos malestares estomacales, algunos mareos e infinitas puteadas dirigidas a los pozos y a la imposibilidad de pegar el ojo aunque sea por algunos míseros minutos. Algunos se hacían los hippies y escuchaban música y otros fumaban para no perder el humor. Pero a pesar de todo, luego de algunas de las más molestas horas de travesía India, gritamos victoria y nos vimos desembarcando en un pequeño pueblito aledaño llamado Manali... una zona hiper turística, que no sólo es frecuentada por extranjeros, sino que esta plagada de indios provenientes de todas partes del país.

Tuvimos que pelear largamente el precio de un rickshaw para lograr alcanzar éste pequeño énclave montañoso que se encuentra a no más de quince minutos manejando, o unos treinta y cinco caminando. Luego de resistir algunos timos abusivos, logramos acordar un precio semiconveniente para las dos partes. Nos subimos a la motito y nos dejamos acarrear con nuestros equipajes hacia el infinito, y aunque ciertamente no llegamos a tan interesante lugar, nos tele transportamos a un pueblo enigmático, amable y con mucho contenido para su pequeño perímetro. Contenido que contemplamos largamente, pero en el que para ser sinceros, nunca ahondamos demasiado.


Postal de Vashist...
Vashist... rusticidad impecable...
Vashist visto desde el camino en la montaña... 
Pobladora autóctona...
Llegamos al mismo tiempo que Claudio y Susana, con quienes nos dimos dos minutos para comentar el efecto licuadora del viaje, para luego entregarnos abruptamente a la búsqueda de algún lugar para tirar los bártulos, comer algo, e irnos derechito al sobre, para por fin y de una vez por todas, descansar.

Conseguimos un hostal espectacular cuyo único incordio consistía en subir y bajar unas escaleras bastante empinadas; pero que luego de ello, o te dejaba ante una de las vistas más espectaculares y relajantes del año, o listo para navegar los inconmensurables mares de la mística y amabilidad india. Estaba atendido por personas que parecían no haber sufrido un sobresalto jamás en sus vidas, a las que cada vez que uno le pedía algo, acudían sin prisa, pero sin pausa a tu ayuda, con una sonrisa digna de aprender y de copiar.

Automáticamente nos entregamos a la mayor y más consistente cantidad de nada que atravesamos en nuestras vidas. Estado de felicidad atravesado por más felicidad hagas lo que hagas. Compromiso con el presente, segundo a segundo, minuto a minuto, hora tras hora, día tras día. Compromiso con la vida, con el corazón, con el disfrute, con el espíritu, con la mente y con el alma. Para casi todo esto nos veíamos obligados a seguir relajándonos con este chocolate pegajoso, que tiene la capacidad de elevar todo sentimiento hasta fusionarlo con el todo y transformarlo en una gran sonrisa que se más allá del rostro, proviene del alma...

Por ejemplo...
Julián flasheando con las vacas...
Frutita, roncito y a la cucha...
Entonces llenos de sonrisas en el alma, y ya en compañía de toda la troop nombrada, nos dedicamos a caminar por los laberínticos callejones de este rústico lugar, sede de pequeños templos, de grandes incógnitas, y de aguas termales a las que las personas acuden para bañarse, relajarse o simplemente lavar la ropa. Sumergidos en esas pequeñas caídas de agua se quedaron mis ojos navegando entre los recuerdos de tantos estados insignia de vida bien vivida y de sueños realizados. 

Admirando a mis amigos... allí, jugando, pensando, elucubrando, soñando... Prueba tangible y perpetua... constantemente manifestándose a no más de dos o tres metros de distancia de mi confundida y excitada humanidad. Perdiéndome en sonrisas espontaneas que eran dirigidas hacia recuerdos, pero principalmente hacia las sensaciones de esos recuerdos, y a todo lo que estos habían templado el alma. Con lágrimas en el pecho... esas que son la prueba contundente de una feclidad eterna... Con ellos ahí, despertándome y despertándose de su vigilia... diluyéndo los instantes con miradas a lo más profundo de los ojos (donde reside el alma) que expresaban y siguen expresando orgullo y solemnidad. ¿Cómo se expresa tanta felicidad en cada halo de vida?...

En fin, pensando esta tremenda cantidad de boludeces y algunas otras que podrían ser tildadas de peores, nos fuimos haciendo habitués de algunos pequeños restaurantes, de algún sitio de internet donde sacar nuestros pasajes de vuelta hacia Sudáfrica, pero principalmente del balcón del hostal, que era de esos lugares radicalmente difíciles de abandonar. Tácitamente a la banda se la vio recurriendo a los mecanismos más truchos y obvios de la vagueza humana, que suele buscar excusas totalmente inconsistentes para no decir que: “no se me canta la pija moverme, y aunque abajo haya dos mil cosas que nunca vi, prefiero que te armes otro y sigamos filosofando, pero esta vez metámosle una veta más bizarra aún”...
Dios de visita en los Himalayas...
"Mmmm.... Mmmmm... sí quedémosnos un rato más"...
En las alturas de nuestro balcón...
Una cocinera tibetana de pura cepa...
Por suerte para nuestra suerte y la suerte de la estancia en Vashist, tomó la posta de la conducción grupal nuestra corresponsal francesa, Amelié, que mientras nosotros nos entregábamos cada vez más a una autosatisfacción pajera crónica y casi insalubre, se movió muy rápidamente bajo las tinieblas, desde donde volvió con propuestas muchísimo más que interesantes y novedosas.

En primer lugar anunció que nos íbamos a entregar a la desconocida sensación del parapente desde alguna montaña a aproximádamente una hora de distancia, y después remató avisando que asistiríamos a una fiesta de casamiento india en algún lugar perdido de alguna otra montaña. Se escuchó casi al unísono por todas las personas implicadas en la charla: “anotame en las dos”

Amelie se transformó entonces en la prueba de que por suerte la felicidad no tiene techo, y sin realizar el menor de los esfuerzos, ya teníamos agendados dos eventos de los cuales éramos totalmente vírgenes... Y todos sabemos cuán satisfactorios y duraderos pueden ser los sentimientos de las primeras experiencias en casi todos los rubros y momentos de la vida.

Para ponerle un poco más de adrenalina a la pasión de respirar, nos empezamos a imaginar volando desde alguna parte del Himalaya, mientras repetíamos: “Gracias Amelie, sos lo máximo, hace con nosotros lo que quieras...”... o mejor con Fede que parece que está enamorado.

Alguna de las tantas ceremonias que aparecen constantemente...
Postal humana de Vashist...
La calle principal de Vashist...
El infaltable choclo... una pausa más que placentera...
En Vashist pasó algo extraño de lo que me percato ahora que escribo, un sentimiento  de profunda convicción de que el tiempo se detuvo... Que también puedo traducirlo en un esfuerzo que mi ser hizo para detenerlo... Una especie de mecanismo de defensa “acapara momentos sublimes”, que muy osado y porfiado, se lanzó a la conquista de un momento de confluencia de todas las cosas que había buscado durante gran parte de mi vida, intentando ponerle stop y contemplarlo eternamente, como si por algún motivo fuera necesario, o más aún, posible...

Estupefacto y muy poco consecuente con mis propias convicciones, me vi entregado a una especie de negación interna de que las cosas terminen, para rápidamente despertarme y darme cuenta que el momento de salir a la excursión había llegado, y que había fracasado, pero que era un fracaso mentiroso, ya que el mejor momento justamente estaba por venir, y eso además de todo lo anterior, significaba volar con nueve personas que se encontraban surfeando otra cantidad de sentimientos extremos alrededor de mi ser... Qué pedazo de locura infinita. Si de algo se trata viajar es de sentimientos y de aprendizajes sobre nuestros inconsistentes seres.

Faaaaa... Nos subimos a la camioneta que nunca supe de donde salió, pero como sabemos que Amelie es perfecta, no dudamos en abordarla, y así empezamos a mostrar esa mezcla de nerviosismo histriónico que la adrenalina desata ante el peligro de muerte... aunque esa muerte en términos estadísticos sea imposible, y aunque no la consideremos con una opción válida y real. 

Fotón...
Sorteo pre salto: Amelie, Claudio y Fede en primer plano...
Pablito a punto de volar...
Nos faltó cantar alguna canción de boyscouts, pero no cedimos a la tentación, y luego de una hora de viaje que merodeó un infinito paisaje, nos vimos desembarcando directamente en las puertas de nuestro destino volador. Era una especie de parque de diversiones donde todo parecía estar estancado en un disfrute constante que reposaba en alas artificiales non stop y que descendían de algún lugar al que terminamos accediendo a pata y con los huevos bien puestos.

Subíamos, subíamos, subíamos, y no teníamos idea qué carajo iba a pasar. Los sentimientos y las caras se iban transformando a medida que empezábamos a divisar que ciertamente estos parapentes pueden volar alto, momento en que se escucharon los primeros miedos de algunos labios preocupados, pero igualmente decididos. Queremos destacar que ninguno se hizo caca encima, y que no hubo nunca ninguna duda por parte del equipo, el que encontró su única deserción en Karina, quien anunció previamente y dejó siempre en claro que acompañaba, pero que no volaba.

Y bueno, llegó el momento de la verdad y nos armamos uno, uno que temblaba en las manos de casi todos. A todos los fumanchus se los vió un poquito reticentes, fumando un par de caladitas de compromiso, como para que no vengan los ratones paranoicos a arruinar la fiesta. Luego de esto había que decidir quién se tiraba primero, para lo que Federico “Salomónico” Marcello puso a disposición su genio para el sorteo, armó la lotería, y lo único que restó, fue sacar los papelitos. 

Ser el primero o el último todos sabemos que es una mierda. La gran afortunada fue obviamente nuestra cabeza conductora en la joda, Agustina Olivera. La “Rubia Macana”, estaba destina a expulsar el primer grito de la jornada, mientras todos los demás se alineaban en la cola de la aventura voladora.

Y volooo.... volooo...
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Dale Rubia, dale!...

Si uno se pone a mirar detenidamente lo rápido que toma altura ese aparato primitivo de vuelo, da bastante cosa, y el flash que uno se va a comer, se vuelve predecible, pero no del todo conocido. A los indios se los veía bastante relajados con el tema de la seguridad, ya que no nos dieron absolutamente ninguna instrucción, y por momentos faltaron algunos cascos, que sino los reclamábamos, nunca iban a aparecer. La precariedad del asunto agregaba su sal y su pimienta a este cóctel volador... Si había un momento para morir era este, así queeee... "dale que va loco, yo me agarro fuerte, vos hacé lo que te parezca"...

El grito de la Rubia fue el más simbólico y aplaudido por todo el grupo, y a partir de acá, nos entregamos a una sensación de estas que resultan indescriptibles, y que tienen que ver con esas no tan conocidas, como en este caso, volar... Volamos por un lapso de quince minutos, que debo decir que fueron suficientes para algunos y escasos para otros, pero que ciertamente nos posibilitaron sumirnos profundamente en la sensación de suspensión en el vacío, y la conciencia de que si uno se cae desde ahí, el casco no te sirve literalmente para nada. Volar, desde esta perspectiva, me pareció absolutamente alucinante y repetible.

Es una sensación de libertad rara, que se manifiesta luego del primer envión de miedo y de cambio de medio ambiente, pero que cuando consigue relajar y entender que esta todo más que fenómeno, disfruta de la amable caída a tierra con todos los sentidos y mucha sensación en la piel. Festejamos, tomamos té, café y boludeces, comimos algo livianito y le dijimos al moncho de la camioneta que suficiente, que nos lleve de vuelta, que todo muy rico, pero queremos volver a nuestra burbuja en la terraza.


Dando vueltas por los aires...
Ya en tierra con la troop...
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No pasa nada Fede, no pasa nada...

Relajamos, y al rato empezamos a preparar la fiestita de la noche... Bah... preparamos. Lo único que tuvimos que hacer fue juntarnos con el man que nos iba a llevar y subirnos a otra camioneta buena onda, para que nos lleven a otra super casa en el medio del bosque, en donde nos atendieron como hacía tiempo que no sucedía. Apenas llegamos nos metieron en un cuarto y nos explicaron dos mil cosas de la tradición que no pienso reproducir, y luego nos alimentaron para lo que restaba del mes y el próximo viaje. Nos dieron cerveza, vino, y conocimos algunos de los ancianos más dulces que vi en mi vida, que además de quererse levantar a todas las pibas que estaban ahí, nos convidaban con hachís y chistes en algún idioma no oficial.


Comiendo en la fiesta... Karina, Amelie, Juli y Pablito...
Mi abuelo preferido...
El abuelo de levante... La Rubia también...
Fiesta y rock and roll...
¡Qué viejos capos! La prueba definitiva de que fumar porro puede y debe ser para toda la vida. El viejito armaba, fumaba y se reía, al compás de un baile carismático y esperanzador; con una juventud evidiable en el corazón y con una gran caradurismo guiado por la madurez de sus acciones. Capo infinito e irrefutable. La fiesta duró un rato largo y sólo les faltó poner una sesión de música trance. Se vió a todo el mundo bailando desenfrenadamente hasta que se fue haciendo tarde y las velas fueron dejando de arder. Nosotros... insaciables, nos fuimos a chequear más fiestas y más estados de la mentira por ahí. Caminamos, nos perdimos, nos reencontramos y finalmente fuimos en busca de una merecida cama.

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Alta fiesta señores...

Vashist significó una gran idea de lo que es la felicidad. Nos esperaban más momentos tristes y despedidas que nos iban a empezar a matar. Faltaba poco para que todos nos vayamos a reposar con estos peligrosos caudales de sentimientos a diferentes partes del mundo, pero quedaba el retrato de una vida llena... rebalsada... Una sonrisa eterna que atora el alma y que deambulará por ahí por siempre... Hasta la próxima cuando no escribamos demasiado sobre despedidas. Gracias por seguir estas extravagancias y boludeces. Un abrazo para todos...
13 abr. 2012
Mac Leod Ganj, un emporio de la joda tibetana y mi balcón bailable...

Mac Leod Ganj, un emporio de la joda tibetana y mi balcón bailable...

En Mac Leod Ganj con Jota Eme... Bienvenidos...
Si algo faltaba para despuntar el vicio absoluto y convertir un viaje semi antropológico en vacaciones para el recuerdo, era llegar a Mac Leod Ganj, lugar donde reside el Dalai Lama, y donde la espiritualidad más que condicionar, pareciera alimentar los sentimientos terrenales más básicos, y si me permiten la aparente contradicción, más profundos. Para llegar a este apasionante lugar situado en los pre Himalayas indios, tuvimos que viajar en un colectivo horno último modelo hasta Dharamsala, la ciudad "base", y desde allí, abordar otro microondas que nos depositó entrada la noche en el epicentro de este amable, apacible, entrañable y descomunal pueblito situado en la montaña.


Panorámica del paraíso en Mac Leod Ganj...
Pre Himalayas, ese tremendo lugar...
Llegamos con mucho hambre y muy cansados, pero con la firme decisión de tomarnos vacaciones de nosotros mismos, transformarnos en las personas que fuimos y sacar a relucir todo nuestro caudal de joda reprimida. Para esto debíamos encontrar el lugar apropiado, por lo que caminamos y caminamos, y a pesar de nuestro acentuado deterioro corporal, llegamos hasta las puertas del hostal de "Shanti", el único indio que parecía tener habitaciones disponibles de acuerdo con nuestras pretensiones.

Las ventanas daban directamente a las montañas nevadas, teníamos baños privados, lavadero y camas de dos plazas. Además, una gran sala de estar y balcones que daban a una calle con una especie de despensa que estaba abierta casi las veinticuatro horas. Cada habitación costaba cuatro dólares, que dividido dos, daba el módico precio de dos dólares por persona por noche. Pusimos un cartel que decía “bienvenidos todos” y nos fuimos a tomar fernet.

Mac Leod Ganj es un pueblo inserto directamente en medio de la montaña, y que alberga una numerosa población tibetana desplazada por los conflictos con China. Además, y como dijimos anteriormente, es el hogar de su grandísima eminencia, el gran Dalai Lama, y un destino turístico de gran envergadura entre los turistos y extranjeros. 

La ciudad cuenta con una gran variedad de opciones para perder el tiempo y para experimentar los aspectos más superficiales de la cultura tibetana, como así también, algunos centros de meditación, los infaltables templos y pueblos muy amables como Baghsu o Dharamkot a "walking distance". Por último, ofrece también varias opciones de acercamiento y avistaje de la cordillera del Himalaya, lo que atrae a muchos montañistas y amantes del trekking.


Free Tibet...
Rubia y monje...
Tibetanas amables y trabajadoras...
Pero a pesar de todo esto, lo que más nos importaba a nosotros, era cuánto costaba la birra y cuánto el vino. El precio de la coca para el fernet ya lo conocíamos, y entonces, sólo nos restaba averiguar cuántos bares había, cuánta gente disponible para el quilombo, y en base a esto, armar un cronograma de la diversión.

Y como ningún cronograma de la diversión se planifica totalmente sobrio, nos hicimos de una bolitas de charritas, armamos, fumamos y estalló un happy hour que se fue profundizando a gran velocidad, y que rápidamente paso del dos por uno, al cuatro por uno, para terminar en un promedio de seis por uno, cuando nos dimos cuenta que si seguíamos así, la Rubia perdía el avión. ¿Qué pasa en Mac Leod Ganj?... Es una buena pregunta... pero después de mucho analizarla y pensarla bien, tengo la respuesta.
 
Es un pueblo chico, la policía no se necesita, la insistencia india de comercio se reemplaza por una gran indiferencia tibetana. El lugar esta rodeado por montañas, inserto en medio de una montaña y lleno de vegetación de montaña, que adorna, embellece y aliviana el espíritu. No hay ruido de más, no hay ruido de menos... a todos los lugares se puede ir caminando, todos esos lugares valen la pena, el clima es mucho más que amable, está lleno de extranjeros y extranjeras lindos y lindas, y a todos ellos uno se los puede cruzar quince veces al día.

Fede extasiado...
Y bueno... ¿Qué más da?...
Tibetanos jugando al basquet en las calles...
Hay actividades de todo tipo a toda hora, los espacios están limpios, no contaminados y hasta embellecidos. La comida no es tan picante como en el resto de la India, es barata, apetecible y abundante; y por último, es de esos lugares donde la gente, por todos los motivos anteriormente expuestos, confluye y fluye muy predispuesta a pasarla bien, a relacionarse y a integrarse grupalmente en cualquier plan del que cualquier ser humano disponga.
 
Además la formación que nos tocó en Mac Leod Ganj es de primera línea: Claudio (Venezuela) y Susana (España), Rosalina y Raquel (España), Karina (Argentina), Bonnie (Australia), Bernardo y Mariana (Chile), Amelié (Francia), Agustina, Federico, Julián y Pablo (Argentina), y para darle el pincelazo eterno y espiritual, nuestro gurú personal y guía espiritual, el entrañable “Jota Eme” (quien no tiene nacionalidad, ni religión, ni sitio de pertenencia; entidad suprema e inteligible que surca los vericuetos engañosos del tiempo, la razón y la terrenalidad, evitando trabajar todo lo que puede). Más que un equipo de fútbol, uno de rugby, que le puso el hombro, el pecho y algunas neuronas toxificadas, a lo que se ha rotulado en este mundo evidentemente globalizado, con el nombre de “joda”.
 
Capitana absoluta y front woman la eterna Rubia, quien fue guiando los pasos descarrilados de esta troop bicontinental por los peligrosos caminos del placer y del éxtasis... siempre tirando más leña al fuego y concientizándonos de que no está mal fumar uno más. Una de estas más que memorables noches, embebidos en alguna borrachera, inauguró su famoso espacio de baile directamente en el balcón de nuestra vivienda, al que intituló “mi balcón bailable”, y en el que una gran seguidilla de hechos impúdicos, desvergonzados y muy peligrosos, se fueron sucediendo sin parar.


Un poco de tarde y tranquilidad en Mac Leod Ganj...

Pre de "Mi balcón bailable"...
En plena fiesta por salir a la cancha...
Lo más grande de la India... El rock gurú...
En aquel sacrílego lugar perdido en los suburbios de Mac Leod Ganj, los integrantes grupales de esta inocente troop, nos vimos entregados a los caprichos de una mujer brillante, quien logró fundar un "boliche" en no más de tres metros cuadrados, y que se metió directamente en la raíz de nuestros corazones y nuestras vidas. Varias personas fueron surcando este espacio de trampa y perdición que estaba dominado por poderosos hechizos que hacían que cualquiera que por allí caminara experimentara una pérdida de la voluntad y de la conciencia con sus subsiguientes consecuencias. Una especie de Burundanga energética que anestesió nuestros espíritus y revivió nuestros corazones. 

Aunque parezca que no algunas veces estábamos sobrios. Esos momentos definitivamente no eran  las mañanas, y muchos menos las noches, pero sí las tardes. En esos estadíos de conciencia extrema de un mundo que gira y gira sin parar y que en cualquier momento explota, nos entregamos a todas las actividades de rutina que hacen de cortina a todo el resto de comportamientos poco recomendables, y que además, se encargan de diluirlos y retroalimentarlos. Lo que llamaríamos “hacer otra cosa para recuperar las ganas”.

De mañana... (mucha manija)...
Marcello tanguero y musical...

Fotón en el tibetian settlement...
Estas otras cosas se pueden enumerar, pero no tan fácilmente porque se ve que no les di tanta bola... Templos... seguro, mucho Buda, mucho hinduismo y casa de Dalai Lama. Fuimos en repetidas ocasiones a recorrer Baghsu y Dharamkot. Caminamos por algunos bosques entre muchos monos y mucha naturaleza. Acudimos repetidamente a las "ferias artesanales" haciendo caso omiso a los caprichos femeninos de nuestra gurú terrenal, e hicimos una tremenda caminata hasta los pre Himalayas, hecho que creo puede ser atestiguado por fotos y videos.

Mucho hipponeo en el pasto y mucha charla graciosa... también pueden ser incluidos en la larga lista de toures mentales hacia la inconsistencia del endorfínico, pero efectivo disfrute. Mucho paseo por la felicidad interna y mucho de "me importa un carajo que el mundo se termine mañana". Comunión y relajación con el disfrute desmedido y poco ortodoxo. Tirar la chancleta, me la fuma todo, saltar al vacío, quemarse la gorra, llenarse de todo, vaciarse al final..


Julián con fondos bufarras...
Bueno... Ejem...
El mundo del revés...
Para alimentar este desparramo de energía nos metimos mucha comida tibetana, que en su versión baratísima incluye "momitos" de todo tipo y mucho arroz con vegetales, fideítos con huevitos y cosas por el estilo. Por la mañana metíamos desayuno argento, pan con manteca, dulce de leche, cafecito, mate. Lavábamos ropa y hacíamos desaparecer las evidencias del día anterior, dejando los espacios vacíos que repetidamente se volverían a llenar, explotar y extasiar...

Mac Leod Ganj contiene elementos humanos desprejuiciados, amenazas al corazón, sentimientos despistados, confluencia de espíritus, y sueños rockeros de destrucción... Lúdico, infinitamente lúdico... Experimental... Fugaz, errante, inolvidable... Mac Leod Ganj contiene mucho de lo que gente cree que debe ser silenciado, enterrado, disimulado o escondido... Mac Leod Ganj... Un refugio, un espacio, un lugar exacto, preciso y pensado para inclinar la balanza hacia lo que a veces resulta mucho más que necesario: perder la cabeza y sentirse orgulloso por ello. Perder la noción de lo que pasa con el tiempo. Perderse, perderse en serio. No saber qué día es, no querer saberlo... Enamorarse, desenarmorarse, reírse fuerte y claro, reírse todo lo posible de nuestros pensamientos, sentimientos y de todo su contenido errante y bizarro.

En algún lugar del tiempo...
Manija y manivela deluxe...
La felicidad hecha gurú...
De Mac Leod Ganj nos tuvimos que autoevacuar y salir corriendo en un rapto de conciencia. Nuestro consejo de dirección mayor rubio decretó que antes de abordar el avión de vuelta hacia Argentina, era necesario ponerle un poco más de chili a la comida. Lo que se viene es un cierre descomunal con una banda de bici-voladores, nubes, cielo y avistajes lejanos del primer tipo.  Hasta entonces cuando los llevemos hasta el pie de los Himalayas en su versión Vashist... Gracias por seguir leyendo...

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En la estación de buses de Chandigarh...
5 abr. 2012
Amritsar, el Golden temple y los entrañables Sikhs...

Amritsar, el Golden temple y los entrañables Sikhs...

Sikh pura cepa... Bienvenidos a Amritsar...
De Agra nos expulsaron las moscas y la tremenda cantidad de nada, pero nos fuimos contentos, con las pupilas y los sentidos llenos de Taj Mahal, a rebalsarlos a otro templo que se podría decir que es igual o más concurrido que la renombrada maravilla mundial. “El Templo Dorado” de Amritsar es el epicentro de la cultura Sikh, una religión que vio la luz en el siglo XV, que se podría decir que está compuesta por influencias hinduistas y musulmanas, y cuyos devotos son de las personas más amables con los que hemos tenido la oportunidad de relacionarnos.
 
Nos metimos en un tren en el que a medida que la temperatura subía, malhumoraba un montón de cansancio que acarreábamos desde Varanasi. Así, una vez que logramos poner un pie e Amritsar, a lo único que nos entregamos fue a la búsqueda de algún lugar para dormir que nos permitieran reposar nuestras maltratadas humanidades por algún lapso indefinido de tiempo.

Durante esta búsqueda desesperada, lo primero con que nos topamos fue con la amabilidad de esta cultura que recibe al turisto directamente dentro del predio donde se encuentra el templo, ofreciéndote camas y comida gratis. A pesar que estábamos al tanto de ésta generosidad, el hecho se agradeció infinitamente, ya que nos ahorraron la incomodidad de movernos por el calor, y en escasos minutos ya estábamos instalados muy cómodamente en un dormitorio comunitario.


El patio interno dónde se recibe a los devotos...
Simbolismo Sikh...
Trabajador del turismo y trabajador de la cámara...
Las puertas de este dormitorio daban a un patio interno cubierto por esterillas y camas improvisadas en el piso, que también daban techo y protección a muchos peregrinos, provenientes de todas partes del país que no podían pagar una habitación. Una especie de gran Templo hotel con baños impecables, duchas, restaurant for free, y sonrisas Sikhs durante las veinticuatro horas del día. All inclusive.
 
Una vez que nos encontramos aseados y un poco repuestos de tanto viaje y tanto calor, y ya en compañía de Mariana y Bernardo (una pareja de chilenos que andaban dando vueltas por Asia), nos entregamos a las primeras recorridas por los alrededores del templo. Mientras íbamos por primera vez en busca de algo de comida, fue cuando nos dimos cuenta que caminar en Amritsar sin  beber unos dos litros de agua cada veinte minutos, era posible, sólo si se había estudiado para beduino. Así fue como entendimos que cualquier preocupación o necesidad en la realidad de este mini infierno climático, debía ser medida en litros de agua sobre costo beneficio de la acción. 

Nunca se llegaba a un lugar si primero no se había tomado agua, pasado a comprar agua, o asegurado que en los alrededores hubiera mucha cantidad de agua. Sin grandes cantidades de este maravilloso elemento terrestre llamado agua a no más de dos minutos de distancia, todo se torna muy difícil e incómodo en las inmediaciones de Amritsar.


El Templo Dorado de noche...
En el Templo Dorado con la banda del Golden Rocket...
Luego del fenómeno agua, los eventos destacables de Amritsar son principalmente dos. El primero es una manifestación religiosa y arquitectónica que reposa sobre el ya nombrado “Templo Dorado" o "Harmandir Sahib”, emplazado en el centro del estanque Amritsar, cuyas cuatro entradas, constantemente abiertas al público en general, invitan a la meditación sin distinción de religiones, sexos, razas, ni edades. La ciudad tomó el nombre del estanque. Es el sitio más sagrado para todos los Sikhs,
 
El segundo, de índole indefinida, es la ceremonia de cierre de puertas entre las fronteras de India y Pakistán, que con el tiempo se transformó en un evento sumamente turístico, donde una gran multitud de personas, turistos, y curiososo, se dan cita todas las tardes en este cruce llamado “Attari”, para presenciar un desopilante e incalificable espectáculo... ¿Militar?... ¿Político?... ¿Histórico?... en fin... Más abajo video a disposición.
 
Además de estos dos eventos clásicos y característicos habría que nombrar un tercero que engloba a los dos anteriores... y a la vida y la atmósfera de Amritsar y de todas sus actividades: “la forma de ser, los modos, las actitudes, y toda la idiosincrasia de los Sikhs”. Este es sin duda el hecho definitorio y absoluto que modela la sensación que se obtiene de todo el resto de las experiencias en Amritsar.

Frontera entre India y Pakistán...
Los Sikhs son una especie de seres superiores que exacerban la amabilidad, la sonrisa y todos los subconjuntos de hechos lindos para el alma, de forma tal que encontraron la forma de pasarse de copados. Son los primeros seres que conocimos a lo largo de nuestras vidas que trascendieron este límite que para la mayoría del mundo es tan difícil de alcanzar, entender y practicar... y como bien dije antes: se pasaron.

Son tan copados que particularmente me quemaron la gorra. No sé si es que pusieron al descubierto mis propios límites como persona, espejando actitudes que muy probablemente nunca en mi vida iba a poder alcanzar... pero lo cierto es que de tan copados que eran, les empecé a huir. Los chicos se me reían a carcajadas, pero de repente empecé a experimentar una necesidad de cierta privacidad y un mundo menos lleno de tanta buena onda.
 
Están atentos a cualquier mínimo detalle, a cualquier mínima necesidad, a convidarte con todo que tengan, a invitarte a sus casas a toda hora, a sacarse infinitas cantidad de fotos con uno, a ofrecerte ayuda para caminar, respirar o lavarte la cara... a preguntarte absolutamente todo sobre tus orígenes... En un momento me paranoiqueé y los veía por todos lados, persiguiéndome, cosa que además era real... efectivamente estaban en todos lados, por lo que no me quedó más opción que tratar de escapar.

La banda y un sikh a punto de venir a preguntarnos algo...
Si hay un mundo ideal imaginable, creo que tiene que ver con la mayoría de las características de esta gente tan pasada en copada. Pero luego de un par de días de interacción empecé a sentir que tanta buena onda me drenaba la vida. Como si estuviera usando todo mi caudal energético para constantemente retribuir toda esa tremenda amabilidad y entrega... pero: con un calor de cincuenta grados, templos que nunca había visto en mi vida y tanta preocupación por tomar agua, la cosa se fue poniendo chunga. Si a esto le agregamos que no podía caminar dos minutos sin tener que frenar y sacarme una foto con alguno, rehusarme sistemáticamente, pero con mucha amabilidad a ir a desayunar, almorzar o cenar con alguna familia, o dar explicaciones sobre porqué usaba zapatillas blancas, creo que no me agarró un panic attack de pura casualidad.

La mejor excusa para intentar huir del epicentro Sikh del templo, era irse a fumar un pucho, ya que recién está permitido fumar a unos doscientos metros del mismo, y entonces ahí, podía aunque sea “tratar” de esconderme en algún recoveco y darme un tiempo para pensar y no tener que responder o actuar de alguna manera esperable, necesaria, predecible o entendible. Los amé todo el tiempo, pero requieren bastante energía, y a mi criterio, también bastante paciencia. Tengo que volver a reiterar nuevamente (perdón por todas las redundancias), son lo más de lo más. Representación infinita de un mundo ideal. Íntegros, buenas personas, abiertos, alegres, curiosos, solidarios y sonrientes. Gente totalmente pasada en buena onda.
Templo dorado de día...
Metiéndonos de lleno en el tema del Templo Dorado hay algunas cosas que decir además de que la construcción en sí misma es una locura irreal. El predio donde se encuentra el edificio es alucinante en cualquier minuto del día, llegando al máximo punto de esplendor y sumun de sus posibilidades en horas nocturnas. La caída del sol, sumada a una iluminación exquisita y una tranquilidad abrumadora, se condensan en una atmósfera que da lugar a una espiritualidad, tranquilidad y relajación difíciles de entender.

Gente del todo el mundo y de toda India se mezclan constantemente compartiendo actividades, charlas, siestas y baños sagrados en las aguas del lago... conglomerando así, exquisitos estados de meditación y relajo que calan profundo en la humanidad de cualquiera que ose experimentarlas. Si a esto le sumamos una visita al interior del templo y una requisa de los dos mil elementos que condensa el entorno, en términos de historia, ceremonias y datos relevantes, se puede llegar a un estado sorpresa tan armonioso que poco tiene que ver con los hasta aquí conocidos.
 
Comunión de humanidad en el sentido más amplio y profundo de la palabra, que por otro lado no tiene que ver en un cien por cien con religiones, creencias o posturas, sino con un ambiente que predispone a través de una conglomeración de estímulos casi imperceptibles, a internarse en una prístina aura de pureza y congoja. Se puede percibir principalmente una especia de comunión eterna. Los Sikhs la tienen clara, y más, cuando se trata de trabajar espacios.
 
Toda persona dentro del templo debe estar descalzo y con un pañuelo en la cabeza. No se puede fumar, ni beber, ni se acepta ningún tipo de proliferación de vicios en el ambiente, hecho que quizás ayude mucho también a encontrarse fuera del circuito de estímulos permanentes. Por último, el lugar se mantiene limpio e impecable las veinticuatro horas del día. Los pisos brillan, el aire es fresco y el agua del lago, además de teñir toda la atmósfera de vida, adorna los oídos con un constante bamboleo de pequeños movimientos de agua, que parecieran purificar y limpiar el alma.
 
Un poco en contraste con esta majestuosidad del templo, debemos nombrar el último evento que selló la experiencia en la paradigmática ciudad: el cierre de las puertas en el paso fronterizo de “Attari”, punto que limita a los países de India y Pakistán. El paso fronterizo se encuentra aproximadamente a una hora de viaje. En lo que a nosotros respecta, surcamos ese trayecto en una mini van con una familia India que andaba turisteando por la zona. Se llega a un lugar que tiene algo de aura fronteriza, y que a pesar del estado jovial que adquiere a causa del evento, se puede respirar esa cierta clandestinidad y poca definición cultural y territorial que generalmente caracterizan a las fronteras...

Stands improvisados con madera cualunque que ofrecen elementos básicos, además de elementos de "merchandising", y mucha gente a los gritos convenciendo y arengando a quien pase con cosas que la mayoría de las veces escapan a nuestro entendimiento.

Comandante macana...
La popu india en Attari...
Una excursión a la frontera Indo-Pakistaní...

Se camina y se avanza hacia el evento por distintos controles que piden pasaportes y huevadas, y se va a arribando a algo así como una cancha de fútbol fronteriza, donde se dejan ver dos "populares" enfrentadas de cada lado de la frontera... una llena de musulmanes y la otra llena de indios. Banderas de los dos países, desfiles, corridas, bailes y otro sinfín de hechos absolutamente incoherentes y llamativos.
 
El evento se puede describir como una especie de desfile gracioso y exagerado que se realiza a ambos lados de la "puerta fronteriza". Se podría decir que más que desfiles son coreografías que se mezclan con bailes, gente que corre de un lado al otro, gritos, demostraciones de poder y otras mil huevadas que entrarían más en una sitcom que en un desfile militar. 

Durante todo el espectáculo hay un tipo con un megáfono arengando sin parar a la "popu", mientras todos aplauden, cantan, se ríen y se excitan... y un millón de cosas más que no registré por estar paralizado por un infinito estado de estupefacción. Me la pasé intentando entender, hasta que me di cuenta que hay veces que es mucho mejor y más productivo, intentar disfrutar.


Foto bufarrona con gorrita extraña...
De fondo la popu musulmana pakistaní...
Panorámica de la cancha...
No podría arriesgar una conclusión. La ceremonia se hace un poco larga, densa y repetitiva, más aún con el sol pegándote de lleno en la frente. Calor e incomodidad. Nos fuimos con la sensación que no era algo para repetir, pero contentos de haber asistido. Un espectáculo difícil de describir consistentemente. Una buena forma de perder el tiempo y un evento que acumula elementos de reality show, series de Sony, y muchos reidores y coristas que forman parte del evento. Si algo se puede rescatar de todo esto, es que a pesar de las malas relaciones que tienen Pakistán y la India luego de la división de las Indias británicas, es que todavía puedan realizar una ceremonia fronteriza conjunta.

Por lo demás, a nosotros solo nos restó decir gracias a este mundo nuevo que se abrió ante nuestros ojos, gracias a los Sikhs, al Templo Dorado, al enorme desparrame de espiritualidad y humanidad de Amritsar, y a todas las personas que hicieron de este, otro capítulo único en nuestro viaje. Hasta la próxima, cuando la joda, la relajación y la bizarrez concentrada, se apodere de nosotros en Mc Leod Ganj. Abrazos...


Los Sikhs, literalmente, una cultura de otro mundo...
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